Playas en peligro

26 de febrero 2026 - 03:08

Que las playas de Huelva han registrado desde tiempos inmemoriales profundos y significativos cambios, algo evidenciado por la evolución de sus arenas y su morfología a lo largo de variables ciclos de regresión y progresión, que han determinado como prueba inequívoca, la ruina de algunas de las torres almenara que se levantaron en los siglos XVI y XVII en el litoral onubense. Las torres vigía, como también se las llama, Torre del del Rio de Oro o del Loro o Pico del Loro, como dicen muchos lugareños, la del Asperillo y la de Torre La Higuera o Matalascañas, son la muestra patente que los temporales y otras circunstancias adversas determinaron la retirada de las arenas y la demolición o ruina de tan singulares edificios. Otras en terrenos más seguros, en zonas no afectadas por la depresión arenosa, se conservan indemnes.

Esta es la muestra más patente de una costa cambiante a merced de los avatares de la naturaleza y contra la que, como se ha demostrado, es difícil oponerse. Los recientes temporales y borrascas han vuelto a evidenciar la vulnerabilidad de una muy sensible parte de nuestras playas. Especialmente en Matalascañas, pero también en Mazagón, El Portil, Isla Cr4istina y otras playas han sufrido los estragos de las tempestades poniendo de manifiesto las consecuencias de un urbanismo costero, que como señalábamos en nuestro periódico “creció sin orden, sin las leyes de protección... sometido a una fuerte especulación”. Se construyó al borde del mar y la propia dinámica costera en los último años se ha visto afectada en ciertos casos irreversiblemente.

El horizonte de las playas de Huelva no es nada halagüeño, más bien preocupante. En Matalascañas, una de las zonas más afectadas, los propietarios piden al Ayuntamiento “dejar los enfrentamientos” y negociar con el Gobierno las obras de emergencia, mientras el alcalde pide al ejecutivo una solución urgente y definitiva. Me recuerda la frase de “El burlador de Sevilla!, de Tirso de Molina: “Cuan largo me lo fiais”, cuya expresión entrañaba que ciertas ambiguas promesas suelen olvidarse con facilidad. Algo muy frecuente en este Gobierno y cuyos incumplimientos son habituales sobre todo si sirven como argumentos para la confrontación política.

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