Crónicas levantiscas
Juan M. Marqués Perales
Un superdomingo de junio
En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella”, Como en esta cita del evangelio de San Juan, los cristianos hemos divinizado siempre el verbo, es decir la palabra, sacralizada en temas y sentimientos religiosos, pero también en el entendimiento, conocimiento y convivencia cotidianos, imprescindibles y necesarios, en nuestras relaciones y vivencias.
En la carta que el Papa, León XIV, que, felizmente visitará España del 6 al12 de junio próximo, tan `pródiga en profundas y sabias reflexiones, de manera muy especial, destaca la fundamental y trascendente importancia de la palabra: “Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu. Existe, por tanto, un vínculo entre el don de la Palabra de Dios, el espacio de hospitalidad que le ofrecemos y la transformación que ella realiza” y más adelante añade con diáfana clarividencia, que tanto echábamos de menos en los últimos tiempos: “ la Cuaresma pone de relieve la dimensión comunitaria de la escucha de la Palabra y de la práctica del ayuno. También la Escritura subraya este aspecto de muchas maneras”
Pero sobre todo la palabra es libre y no puede constreñirse a los avatares políticos como nos está ocurriendo bajo un Gobierno que en función de su desesperada supervivencia, ademas de intervenir los instrumentos legales del Estado y anulando su valor de contrapeso, está auspiciando una ley mordaza contra la prensa crítica que tanto le incomoda. Y al mismo tiempo ejerciendo una política que se inspira en la “ética de la mentira”, patrocinada por uno de los asesores áulicos del presidente.
Así el feminismo, argumento de confrontación contra el adversario y ceguera cuando hay que condenar las prendas que viste la mujer musulmana – el burka, niqab, hiyab... - que la desnaturalizan, la invisibilizan, la convierten en un cero a la izquierda. ¡Ah la izquierda,,, cada día más dividida y sumida en sus eternas contradicciones!
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