En tránsito
Eduardo Jordá
Utopías
Hay un proverbio anónimo que viene a decir: “Los hombres libres tienen ideas, los sumisos ideologías”. Con el pretexto de estas, abusan del Poder y lo corrompen. Lamentablemente, vivimos situaciones como la del proverbio con demasiada frecuencia buscando beneficios particulares por encima de los generales utilizando para ello todo tipo de argucias que en los últimos tiempos se asocian al uso de la palabra o el eufemismo para construir un relato interesado y casi siempre camuflado, lo que permite el engaño y, a veces, incluso el chantaje.
Es por ello, que la señora Montero, presunta candidata a la Junta y actual Ministra de Hacienda, incapaz de elaborar unos PGE, ahora ofendiendo a la inteligencia de los andaluces y utilizando un lenguaje técnico, pretende vendernos en el terreno de la financiación autonómica el concepto de “ordinalidad” con una supuesta obtención de la cuadratura del círculo afirmando, globalmente, que todos ganarán pero obviando expresar los beneficios fiscales que se eliminarán en Andalucía y la subida impositiva de la operación redistributiva. No olvidemos que esa “ordinalidad” -el término, indica lugar- por, mucho que lo intente disfrazar solo marca una posición, o sea, que una vez realizado el reparto, se mantiene la ubicación previa y el que más tiene sigue primero y el que menos no progresa, por mucho que todos reciban más y, ahora, viene la “ordinariez”, el que rechace y es libre de hacerlo, tendrá que explicarlo a sus votantes pero ella deberá explicar, también, cómo se cumplen así los principios de solidaridad, cohesión territorial e igualdad consagrados en el artículo 14 y el Título VIII de la Constitución.
Dicho esto, podemos pensar por incoherente y, en consecuencia, cercano a la ordinariez que haciendo uso del abuso citado del proverbio inicial, en este caso, la izquierda se une a los “ricos” frente a los “pobres”, al tiempo que acusan, en un cínico paralelismo, de privatizadores a los de enfrente: universidad; sanidad; … en beneficio de la actividad privada.
No, señora Montero, no nos engaña, su debilidad política, la obliga a renunciar a principios éticos de gestión y cooperación, su desesperación demoscópica no le autorizan la arbitrariedad y la ordinariez de premiar al fuerte y castigar al humilde.
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