El miedo a perderse algo

¿Ya has tirado el móvil por la ventana? Yo estoy a punto. Aunque claro, sin 'smartphone' la insatisfacción puede ser igual

He tenido una semana dura. El trabajo me tiene frito, así que al llegar el viernes noche decido quedarme en casa. Pijama, Uber Eats, y a ver la segunda temporada completa de Lupin. Vale, sí, la serie a veces es muy previsible. Pero entretiene. Y no me diréis que no tiene buena pinta el plan de viernes, ¿verdad? Todo bien hasta que entro en algún grupo de WhatsApp o en Instagram. En qué momento mi subconsciente me hizo acudir a las redes sociales a echar ese vistazo. Ahí están mis amigos, teniendo un viernes loco, de bares, de risas, viviendo momentos y construyendo anécdotas que contarán por siempre. Y yo no estoy allí. Joder, pero mírales. ¿De dónde ha salido ese tío al que salen abrazados y que solo tiene un diente? ¿Pero qué hago en casa?

Esto me ha pasado. Lo reconozco, sufro de FOMO, y desde hoy me comprometo a tratarlo. El FOMO es el miedo a perderse algo, el miedo a sentirse desconectado. Del inglés fear of missing out. En realidad no es algo nuevo. El FOMO siempre ha existido. Ese temor a la exclusión. Somos seres sociales y por lo tanto necesitamos sentirnos parte de un grupo. El miedo a desaprovechar la vida, a tomar decisiones equivocadas, o a dejar pasar oportunidades siempre ha estado ahí. Lo que pasa es que las redes sociales han intensificado estas sensaciones por su instantaneidad y por ser un gran escaparate social. Pongamos unos ejemplos rápidos:

-He ido al cruce a tomar el sol. Estando allí abro Instagram y veo a un conocido mío tomándose un mojito en una villa privada en Costa Rica.

-Estoy trabajando 30 horas al día para llegar apenas a fin de mes. En el descanso de 2,5 minutos para tomar un café que está hirviendo abro Twitter y veo a un chaval que apenas tiene 20 años, que sale fingiendo que habla por teléfono y diciendo que este año facturará un millón de euros trabajando solo 9 meses.

¿Ya has tirado el móvil por la ventana? Yo estoy a punto. Aunque claro, sin smartphone la insatisfacción se puede presentar igual. Porque es que la vida va de tomar decisiones y yo he sido muchas veces de esos que se pide una tapa de huevo relleno pero ve pasar la de carne con tomate y dice "pues me tenía que haber pedido eso mejor". Barry Schwartz en su obra La paradoja de elegir habla de aprender a estar cómodo con el concepto "suficientemente bueno". Que vale que hay miles de pantalones que te podrían quedar genial, pero si te has probado unos que están muy bien y son "suficientemente buenos", para qué seguir buscando.

Te voy a hacer unas preguntas rápidas:

-¿Consultas tus redes sociales nada más despertar por la mañana?

-Cuando estás de vacaciones, ¿necesitas mirar lo que hacen tus amigos?

-¿Sientes intranquilidad si no sabes lo que están haciendo?

-Cuando estás con amigos, ¿piensas en lo que vas a compartir y en qué red social lo harás?

Si la mayoría de respuestas son "sí", es que sufres FOMO y deberíamos empezar a aceptar lo 'suficientemente bueno'. Vivamos nuestra vida y no la de los demás. Y si nos perdemos algo, pues oye, tampoco pasa nada.

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