La memoria de la Iglesia

08 de febrero 2026 - 03:07

Si la semana pasada nos planteábamos en La Otra Orilla cuál es el papel que el Estado debe dar a la Iglesia católica dentro de la vida pública, esta semana me gustaría que mirásemos ese asunto desde la perspectiva eclesial: ¿Qué papel debemos jugar los cristianos en la sociedad?

Para ello, convendría, antes, hacer una revisión del papel que nuestra Iglesia ha jugado en la sociedad a lo largo de la historia.

Parece que, en sus orígenes, la primera ekklesia -asamblea- de creyentes, fue bastante incómoda para los poderosos, parece que ese mensaje del Evangelio de justicia, paz, amor… no gustaba demasiado a los emperadores romanos y sus secuaces y da ahí la persecución, las catacumbas, los leones…

Todo cambió con Constantino, que pasó de perseguir a los cristianos a convertir su fe en la religión oficial del Imperio. Claro, los creyentes de entonces debieron pensar que era mejor estar protegidos de esa manera por el emperador que terminar entre las fauces de un león.

Parecería que hoy, el debate en la Iglesia, se sigue planteando en los mismos términos: ¿somos consecuentes con el mensaje evangélico y dejamos que nos echen a los leones o nos ponemos al lado del poder aunque eso signifique justificar las tropelías de emperadores, reyes y dictadores? ¿La Iglesia de Constantino que paseaba bajo palio a Franco, a Videla y a Pinochet o las primeras comunidades cristianas que se ponía del lado del pueblo aunque te echaran a los leones, como hicieron Ellacuría, Rutilio Grande u Oscar Romero?

Para mi, este no es un debate de extremos en los que quepa la equidistancia, es obvio que la Iglesia española debiera hacer memoria y pedir perdón —como ya han hecho las de Chile, Argentina o Alemania por sus respectivos papeles durante las dictaduras fascistas— por su histórica colaboración con las oligarquías patrias y, especialmente, con los crímenes del franquismo y que debiera renunciar a los privilegios que esa colaboración supuso. Y es obvio que esa misma Iglesia española debe seguir pronunciándose a favor de la acogida a los inmigrantes, a favor del derecho a la vivienda, contra las brutales desigualdades que dejan en la pobreza y la exclusión a millones —sí, millones— de personas en España, aunque todo eso suponga ponerse en contra a sus tradicionales amigos de la extrema derecha.

stats