Así, iremos mal

03 de enero 2026 - 03:07

Siempre la llegada de un nuevo año genera una situación de balance sobre lo acontecido y de expectativas por lo que ha de venir o deseamos y esperamos que venga, ya sea para nosotros mismos, nuestro entorno, en el ámbito de desarrollo de nuestras vidas, al tiempo que nos intentamos convencer por nuestros propios propósitos de mejora, tras evaluar situaciones vividas, errores cometidos, así como consecuencias de todo ello.

Por tanto, es imprescindible ser honestos con nosotros mismos en el análisis sobre nuestros comportamientos a lo largo del tiempo pasado, tanto en lo personal como en lo profesional y el campo de nuestras responsabilidades para si tenemos la honestidad suficiente y la conciencia crítica necesaria, a pesar de nuestras debilidades, conseguir logros positivos para la mayoría social con la que convivimos.

No, no es utópico ni etéreo este pensamiento, es simplemente una realidad lógica propia de la condición humana de bien.

Sin embargo, la actualidad sociopolítica, imprescindible tenerla en cuenta, a día de hoy, nos permite intuir lo que nos ha de venir y, desde luego, no parece haber muchos motivos para el optimismo.

El discurso político que nos llega, es grandilocuente aunque la realidad del día a día lo contradiga, desde la economía a la convivencia, desde la sensatez al radicalismo, desde las opiniones a la crítica, desde lo democrático hasta las aspiraciones autocráticas… nuestra realidad es que, en esa grandilocuencia lingüística citada, se intercalan pretensiones más o menos calculadas que nos alejan, cada vez más, del entendimiento y la ética democrática, verdadero baluarte de la libertad en general y el bienestar de todos que es responsabilidad de los gobernantes.

Personajes estos, que deben vivir abiertos a “todos” y siendo críticos a sí mismos en los aciertos y errores, respetando las normas democráticas, y no intentando cada día desenterrar a Montesquieu, ¿ya el Legislativo no sirve, valen los reglamentos?.

Los aplaudidores, cual pretorianos serviciales, se inmolan demoscópicamente, mientras el líder se enroca y abandona todo lo que no le proporciona beneficio propio y personal.

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