Como ciudadano, padre con hijas y profesional dedicado durante muchos años a la atención de mujeres, he sentido que dieciséis niñas violadas, drogadas y vejadas durante años me pedían esta columna. Si además estas niñas estaban bajo el amparo y la tutela del infame Estado, versión Baleares, la cosa pasa de castaño a oscuro. Puede que todavía haya algún lector de estas líneas que no sepa de este caso. Normal, las televisiones del régimen se han encargado de ocultarlo; las ministras, ministros y ministrillas del Gobierno de progreso, señorita pepis, no han abierto la boca, boquita o bocaza, según qué caso. Silencio ominoso, espeso, vomitivo. Silencio que insulta la inteligencia, la nobleza y una escala de valores mínimas para seguir llamándonos humanos. En Pamplona un grupo de indeseables violentan sexualmente a una mujer y tenemos meses y meses de telediarios, primeras páginas, tertulias, debates, declaraciones, manifestaciones, acoso mediático y callejero a los jueces. La declaración de la víctima en el juicio fue complicada y polémica. Gritos y pintadas de "yo sí te creo, hermana" cruzaron España desde la Junquera a Ayamonte y desde el cabo de Gata al de Finisterre. Ahora no una, sino dieciséis niñas han sido trituradas durante años y no hay un solo grito de alarma o apoyo, ni uno, silencio. "Prudencia, estamos investigando", decía la inefable pareja de vicepresidente y ministra. La palabra prudencia en boca de maestros del follón, de la intimidación y de la mentira da, sencillamente, arcadas.

¿Qué tuvo la víctima de Pamplona que no tienen las dieciséis residentes tuteladas en un centro dependiente del Gobierno balear? Pues que entre los integrantes de la manada navarra había un guardia civil y un soldado. Madre mía, el Ejército y la Benemérita, dos instituciones declaradas a batir por la progresía cutre y falaz. Una oportunidad a no perder para identificar ambos estamentos con el machismo y con los violadores. No se podía dejar pasar. A las niñas de Mallorca no las ha prostituido y drogado ningún militar. Y para colmo de los colmos las niñas, cuya carne y cuyas vidas han sido convertidas en papilla, estaban bajo la custodia de un gobierno regional socialcomunista. No hay caso, para qué más. Indulgencia plenaria, excusas sin límite, mirar para otro lado y a otra cosa mariposa. Me quedo sin espacio para más. Los hechos detallados de lo aquí apuntado no son para ponerlos siquiera sobre la mesa de este artículo. Les ahorro dosis masivas de horror y estupefacción en esta mañana de martes. Con que recuerden que en una casa gubernamental de acogida de menores estaba el infierno mismo, así sin más, me conformo.

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