Caleidoscopio
Vicente Quiroga
Mordaza
Vivimos una época donde todo se trivializa de tal manera que a veces las cosas más serias y transcendentes de la vida se ponen en duda, cuando no se pisotean con saña, cuando se aviva el fuego en el resquemor que no termina y la venganza que no duerme.
El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía ha dictado sentencia sobre injurias y hechos, acaecidos hace cinco años en que el anterior Ayuntamiento de Cádiz intentara despojarle de muy reconocidos merecimientos a uno de los escritores, poeta, dramaturgo, orador y muchas artes más de nuestra tierra andaluza. Acertadamente, ateniéndose a la Ley, el Alto Tribunal ha anulado la falsa y alevosa denuncia, contra el honor, de esa gran figura de la literatura española que fue José María Pemán.
Hace años escribí un libro titulado Salada Claridad, donde sólo con las armas de la verdad y la amistad defendí la categoría, personalidad y valía, en el aspecto profesional, de un gaditano ilustre. Allí conté muchas horas pasadas junto a Pemán, en mis años juveniles, donde a través de su prolífica imaginación literaria conocí el corazón y la mente de un hombre, enamorado de las letras, que adoraba a su tierra andaluza desde la proa de su despacho en aquella casa, llena de vivencias bajo el embrujo de la plaza de San Antonio, que fue testigo de tantas tardes llenas de belleza poética, junto con amigos inolvidables como fueron García Gómez, Ramón Solís, Pilar Paz, Martínez del Cerro, Parodi, etc.
Cuando en el jardín de las rosas entró el sarampión ideológico del odio, envuelto en la retórica de la incultura, Cádiz primero y Andalucía después, sufrieron mucho con denuncias e insultos que pretendían ampararse en una ley sin barreras.
Por fin, el TJSA aclaró posturas interpretando las leyes en su justa definición. Un perfil de amante de las letras, volcadas en la sonoridad de la expresión castellana con acento del sur, ha quedado limpio de tanta inventada maldad.
Restablecer el honor es algo tan digno que no merece ser olvidado. Las murallas de Cádiz siempre defendieron el espíritu de una ciudad única. Hoy, esas defensas militares de antaño también soportaron la angustia y la pena de cosas que no debieron pasar.
La salada claridad de la Bahía sigue brillando en sus hijos más ilustres con una restitución esperada.
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