Mordaza

12 de marzo 2026 - 03:08

Cuando un Ejecutivo gobierna en muchas ocasiones más en contra del ciudadano que a favor, que es función obligada para garantizar su bienestar y su convivencia y, sobre todo, su libertad de pensamiento, de información y de expresión, valores imprescindibles de una democracia y un Estado de Derecho, es inconcebible imponer una llamada ley mordaza para silenciar una prensa crítica con derecho a analizar todas las actuaciones de sus dirigentes. Ello se desprende de la norma que obligará a los medios a inscribirse en un registro, identificar a sus propietarios o limitar la publicidad institucional al 35% del total de ingresos. Se pretende consolidar el control de la información y las cortapisas a la libertad de expresión. Una más, por supuesto, de acallar a medios que, en su derecho de servir al libre ejercicio del periodismo, que tanto teme el Ejecutivo que, en esta complicada y azarosa evidencia política, se halla cercado por diversos conflictos que le comprometen gravemente.

En ese revuelo electoral que ahora vivimos, y que parece avizorar la posibilidad de unas elecciones generales, que hace tiempo debieran haberse celebrado, dada la precariedad y otras irregularidades del Ejecutivo, Sánchez parece haber resucitado una fórmula para recuperar el favor de la izquierda, ferviente enemiga de la OTAN y los estadounidenses. Con ese “no a la guerra”, cacareado por sus sincronizados ministros y ministras, espera mantenerse en el poder, que es su empeño por encima de todos los males que puedan amenazar al país.

Así fue en una comparecencia sin periodistas, por lo tanto sin preguntas, en un tono de pura énfasis electoralista y suficiente. Pero mordaza lo es también con el Congreso de los Diputados, en donde comparecerá para informar a la Cámara de su posición en la guerra contra Irán, pero negándose a consultar a los diputados y someterse a su votación. Que es negar sus derechos y obligaciones en un Parlamento cuyo genuino representante es el pueblo español. Un desprecio a un fundamental principio democrático y al Estado de Derecho.

Y en esta vorágine electoralista los patriotas de Vox, con su tozudez infantil, su histeria ideológica y su extrema incoherencia, interceptando la posibilidad de un cambio.

¡Cuídense de los idus de marzo!

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