Del 1 al 10. ¿Qué puntuación le darías a tus ganas de salir de fiesta? Siendo 10 "me muero por darlo todo y no llegar a casa hasta el toque de queda de 2022" y 1 "no pienso salir más. He descubierto que Netflix lo es todo en mi vida". Mi valoración la tengo clarísima.

Ser responsable puede ir de la mano con ser honesto. No debemos salir, por supuesto que no. Pero oye, el que lo eche de menos lo puede decir y no pasa nada. No está faltando el respeto a nadie, que nos estamos volviendo una sociedad extremista e hiper sensible. A mí me faltan dedos en las manos (bueno, y en los pies) para contar las veces que he pensado en salir de fiesta desde que el coronavirus llegara a nuestras vidas. En estos nueve meses tan largos mis ganas de abrazar y besar a ratos han bajado la velocidad y las ganas de fiesta les han acabado adelantando por la derecha. Nunca he sido especialmente casero, eso es verdad. Pero es que son 9 meses… En este periodo he recordado mil anécdotas tales como el ofrezco jazmín o el vente abajo (solo mis amigos entenderán esto). Te las contaré en un bar cuando Pfizer, Moderna o similares culminen su trabajo. Pero cuidado. Estamos en un momento de expectativas, recordando e imaginando cómo será la vuelta al ocio nocturno. Y las expectativas en muchos casos lo arruinan todo. Además, tengamos en cuenta que la realidad que nos encontraremos en unos meses puede ser muy diferente a las fiestas pre covid. Así que llegado el momento no forcemos, sepamos adaptarnos y sobre todo, hagamos aquello con lo que nos sintamos a gusto. Lo cierto es que nunca antes en la historia de la humanidad la juventud había tenido tantas ganas de desfasar. Preparando este artículo me preguntaba cómo se sentirán los jóvenes en estos momentos. Hasta hace unos meses eran unos atontados que tenían que espabilar, salir más y tener más calle. Ahora son unos irresponsables y fiesteros que van a hacer que la crisis sanitaria se alargue. Ya está bien, ¿no? Dejemos de criminalizar a una parte de la población a la que en una edad crítica se le ha frenado su forma de relacionarse y divertirse. Seamos todos más constructivos y no señalemos más con el dedo. ¿O también eran los jóvenes los que salieron al parque con sus hijos el primer día de desescalada montando partidos de fútbol?

Quién sabe, es posible que después de esta experiencia que estamos viviendo nos volvamos más responsables y aprendamos a valorar otras cosas, como por ejemplo los juegos de mesa. Ay, que me da la risa. No, en serio. Una partida a la consola, una maratón de series con la bata manta puesta o un paseo mañanero de domingo. Una vida slow o de tranquis (por no decir una vida de persona adulta). Los que estamos en una edad que supera los 30 nos ha pillado en un momento crítico. Nuestras vidas se empiezan a poner serias. Ya no somos tan jóvenes, y cuando se pueda salir lo mismo ya no somos los de antes. Al que antes de la cuarentena le llamaban el hombre maceta quizás al terminar todo esto es el primero en ignorar las llamadas de sus amigos los sábados. Y hasta recibirá notificaciones del tipo te echamos de menos de sus bares de confianza. Yo ya estoy notando algunos síntomas: estoy escuchando más jazz que reggaeton. ¿Es grave doctor?

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