Por favor, no todo es urgente

Te sientes con energía y con ganas de comerte el mundo así que empiezas con tus tareas

QUIZÁS la siguiente situación te resulte familiar: estás en la oficina, frente al ordenador. Te sientes con energía y con ganas de comerte el mundo así que empiezas con tus tareas. A los 15 minutos te suena el teléfono. Un cliente que te da los buenos días pidiéndote una modificación de última hora en un diseño que le hiciste. "Es que desde la imprenta me están apretando para que lo envíe ya", te dice. "Y lo que yo me he apretado es una media con jamón york y ahora me está sentando mal", piensas tú. Vale, no problem. Dejas lo que estabas haciendo y te pones a modificar el diseño. "Total, son 2 minutos". Bien, bueno. Una cosa menos. Por dónde íbamos. Sigamos por la tarea anterior, peeero en ese momento llegan unos compañeros a la oficina. Les pones al día en unos proyectos que estáis desarrollando conjuntamente, y aprovechas para comentar el partidazo de España. "Cómo me alegro por Morata", dice uno de tus compis que días antes pasaba memes del delantero por WhatsApp. Ya están todos al día, genial. Continuemos. "Ah, espera, voy a revisar de nuevo el correo electrónico", piensa una versión de ti a la que estás odiando porque es que lo revisaste justo antes de empezar con la primera tarea del día. Le haces caso. Era de esperar. Echando un ojo a los mensajes -en su mayoría promociones y descuentos de colchonetas- te entra otra llamada. Otro cliente. La angustia que transmite en la llamada empieza a hacer mella en tu estómago. "Este hombre vive agobiado", piensas mientras te comenta que necesita que le envíes unas fotos editadas. Las cuales, por cierto, ya le has enviado hasta dos veces. "La función 'Guardar como' estará dando problemas en su ordenador". Internamente sale tu versión irónica, la que solo hace acto de presencia cuando te tocan bien las… narices. Y claro, vuelves a parar todo para localizar esas fotos y enviarlas una vez más. Y así te dan las 14:30 y no has parado. Parecías en una yincana, de una estación a otra. Algunos pueden pensar "vaya ritmo de mañana. He estado ocupadísimo. Me quedo satisfecho". No es mi caso. En mi cabeza solo hay una frase: menuda mierda. Algunas tareas las he dejado a la mitad, otras se han quedado por hacer. Mi plan de acción del día es un chiste del Comandante Lara que me explota en la cara.

Es hora de que empecemos a dar más importancia a la productividad. Le leí a Berto Pena, experto en el tema, algo que es para levantarse y gritarle "tienes más razón que un santo". Y es que no todas las urgencias son urgencias. Las interrupciones en el trabajo siempre van a existir aunque evidentemente intentaremos minimizarlas, pero es momento de comenzar a saber distinguir imprevisto de urgencia. A lo mejor esas fotos editadas podían esperar dos horas a ser enviadas. 4 tips rápidos: 1) Tus tareas más importantes intenta realizarlas a primera hora, antes de que lleguen las interrupciones; 2) No dejes a medias las tareas. Te quita años de vida; 3) Negocia los tiempos y no malacostumbres a todo el mundo. Una frase tan sencilla como "Me pongo con ello en media hora, cuando termine lo que estoy haciendo que también es muy importante" puede ahorrarte una calvicie prematura; 4) No te dejes contagiar por las prisas continuas que se respiran en el ambiente. Cuando llegue una 'urgencia', dedica unos segundos a valorarla. Gracias Berto por tus sabios consejos. Os dejo que me dice el cliente que es la tercera vez que le envío el correo de las fotos editadas sin archivos adjuntos.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios