Don Carnal

19 de febrero 2026 - 03:09

Mucho ya preparan la careta para estos días que se avecinan de ambiente carnavalesco, sin darse cuenta de que desgraciadamente la careta la tienen puesta la mayoría de los humanos durante todo el año, disimulando y ocultando su propia vida.

El próximo fin de semana arranca un nuevo periplo de celebraciones “de Carnaval”, y donde los aires tradicionales de febrero nos envuelven en esa falsa alegría de disimular los sentimientos que nos envuelven, con el pasar de días y los acontecimientos de cada jornada.

Vamos a dar en ocasiones rienda suelta a unas libertades que nosotros mismos nos fabricamos cada año, en un espejo invisible de nuestras propias realidades.

La eterna lucha entre lo material y lo espiritual, entre el Carnaval y la Cuaresma, entre el gozo del placer y ese tiempo de preparación que abre la liturgia de las cenizas, se hace ostensible en estas fechas esperadas por muchos para ese disfrute pasajero de un sueño irrealizable.

Hoy las carnestolendas tienen ecos de coros, charangas, y humor, traducido en inequívoca rebeldía de la denuncia, de la protesta y de las quejas envueltas con gracejo popular y sencillez.

El pueblo se divierte y lo pasa bien, pero siempre, así lo esperamos, con el freno del respeto, la educación y el compromiso de no herir valores que tienen fronteras.

Las letrillas ingeniosas, picantes y esperadas, vuelan con aires de de libertad entre esa música con ritmo conocido, monótono y alegre que lo hace fácil.

Nuestro Carnaval no se parece en nada a esa forma de sentirlo y vivirlo como los de Venecia, Brasil, Canarias y otros lugares. Es en su ingenuidad más sencillo, más verdad.

He vivido muchos años el naciente y renovado Carnaval gaditano, andaluz, pero conservando la esencia del ayer, en su prestigio y aceptación.

Cádiz, con Isla Cristina, han sabido mantener lo clásico, ordenando su idiosincrasia de siempre. Ese es el camino. Música, alegría y diversión. Salirse de estos principios desdibujan algo que tiene su arte y su corazón propio.

Febrero es una puerta de aire libre al pensamiento, pero sin duda alguna también lo es a la reflexión y a la preparación de una forma de sentir y pensar en la profundidad del espíritu.

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