Postdata
Rafael Padilla
Todo se puede decir
Desde el pasado día 22, llevo dándole vueltas al acto de imposición del Toisón de Oro a la Reina Sofía –merecidísimo, por cierto- y, sin duda, el importante y acertado discurso de Felipe González, del que me pregunto ¿por qué tan escasa repercusión mediática en cuanto no solo al contenido sino a la profundidad del mismo
En mi opinión, que es la de alguien con una determinada experiencia política en los años de mayor potencia felipista y en el lado opuesto a la tendencia dominante en todos los niveles del Estado, y con un solo elemento de coincidencia, el constitucionalismo que impregna mi pensamiento influido por un criterio de liberalismo inspirado en la admiración al Dr. Marañón, y que trasladado al terreno político es “una conducta y un modo de vida basado en la tolerancia, la libertad de pensamiento y la cordialidad humana”, algo mucho más que una doctrina política. Y vuelvo al discurso que, insisto, tiene unos elementos radicalmente opuestos a la polarización que estamos viviendo y, desde luego, a las intenciones gubernamentales de levantamiento de “muros” y conversión del discrepante en “golpistas” fabricantes de bulos, haciendo real el aserto del historiador Emilio Gentile: “El peligro es la “democracia actuante”, gobiernos democráticamente elegidos, en cuanto al método, se comportan de manera ajena al ideal democrático”.
Por ello, este discurso duele al ser un alegato a favor de la “paz civil como valor supremo” de unos ciudadanos libres políticamente e imbuidos por la equidad social y una diversidad territorial y cultural que coexistan en la generación de un proyecto común porque se respeten la pluralidad política basada en la igualdad de derechos y convivencia entre españoles para alcanzar la paz civil citada, “mayoritaria, libre y duradera”, frente al discurso guerracivilista extremo por lo que aludió a la visión, entre lágrimas, de viejos republicanos y miembros del régimen anterior del ruego: “que nunca más se vuelva a repetir”.
No olvidó a Suárez, Carrillo, y a todos los “padres” constitucionalistas, como tampoco, al Rey Juan Carlos, ni la adhesión a la UE, así como la apelación rotunda a los jóvenes como “hijos orgullosos de la democracia, antes que nietos de la g. Civil” o el reto futuro para la Princesa de Asturias, apelando a la memoria imprescindible que como dijera G. Lorca, “esa memoria hacia mañana”.
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