Envío
Rafael Sánchez Saus
Vista a la derecha en el PP
Febrero se despide con aire andaluz. La fecha del día 28 trae para nosotros una connotación especial que hermana a ocho provincias en el sentido de la unidad, llena de amor a la tierra, de homenaje a su historia, sacrificio de sus hijos y lo más importante, con esperanza de futuro, donde las líneas del trabajo, la paz y solidaridad se salten las barreras, a veces incomprensibles, de la política.
Hablar y escribir de Andalucía es un placer innato que sale de las raíces más profundas del espíritu y que se aprieta en un corazón agradecido por haber nacido en este sur español, donde dos mares se abrazan a un cielo inundado de sol y de vida.
Ser andaluz no es cualquier cosa. Es un honor, más aún un privilegio que Dios nos regaló bajo la mirada maternal de Vírgenes morenas, mecidas al compás de marchas, entre el olor del azahar recién nacido, y las misteriosas llamas de unos cirios que alumbran nuestras devociones, al calor de la cera, que es permanente signo de alegría.
Y porque Dios lo quiso así, Andalucía es alegría viva que se retuerce entre los brazos al aire de un baile único, en unos movimientos templados por los sones de una guitarra que va desgranando nuestros sentimientos, de amor, de tristeza, de gozos.
Somos alegres porque queremos confiar. Tocamos las palmas porque pretendemos despertar al silencio del olvido, a las lágrimas del dolor, la ausencia de lo que se fue y a ese latido que sabe a brisa marismeña, cumbres nevadas, olor a sierra, frescura de valles y sueños que se pierden en el horizonte de un mar que sigue marcando nuevos rumbos de singladuras imposibles.
En el vuelo de un capote rojo y gualda, Andalucía eres blanca como la pureza y verde como la esperanza. No dejes nunca que el fango ensucie tus colores.
Eres novia que enamoras al mundo y beso apasionado, desgarrado, como un fandango de Huelva.
Un clarín rompe la mañana del 28 de febrero. Andalucía, ¡despierta! no te duermas en el sueño de tu gloria, levántate en amor a la tierra, mira al cielo de tus tradiciones y piensa que los pasos en falso, de muchos andaluces, son sólo golpes de un llamador que te tienen que hacer más responsable, más andaluza todavía, única y eterna como es tu sentimiento, tu fuerza y tu vida.
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