La colmena

Magdalena Trillo

mtrillo@grupojoly.com

Vicios de corbata

Hay fotos, momentos icónicos, que nos dan la medida de las cosas; solo hay que atreverse a parar...

Primero lo critiqué pero ahora lo voy a defender. Y me explico: hay fotos, momentos icónicos, (por muy particulares e incluso frívolos que parezcan) que terminan convirtiéndose en motor del cambio. Porque tomamos conciencia ante problemas que no lo eran, porque nos atrevemos a combatir prejuicios o porque sacamos del armario temas incómodos que habíamos enterrado en forma de tabú.

Me refiero a los cinco días de reflexión de Pedro Sánchez. Siempre que quiero poner a prueba la dimensión real de nuestras polémicas, las del español con ADN español, le pregunto a un buen amigo francés que ya se ha jubilado y se ha instalado en nuestra Costa Tropical. ¿Tacticismo? Seguro. ¿Histrionismo y sobreactuación? Cuesta no hacer esta lectura viendo el serial con Milei. Pero detrás del corto plazo están las luces largas. Y son, en este caso, las que nos hablan de humanidad y de fragilidad; las que nos recuerdan que no somos héroes ni estamos a salvo de que nos fallen las fuerzas; las que tienen que ver con la creciente pandemia en que se han convertido los problemas de salud mental.

Olvídense ahora de Pedro Sánchez. Piensen en lo que nos ocurrió hace ya quince años con la crisis económica. Lo que nos costó asumir el impacto de la debacle. Puede que no fuéramos completamente conscientes hasta que vimos a “señores con corbata” haciendo cola en Cáritas.

Me acordaba de los “parias de los bancos de alimentos”, los de la corbata, este fin de semana leyendo un reportaje de una compañera periodista de Málaga Hoy: chavales enganchados a los porros, padres de familia (de clase media trabajadora) que caen en las redes de la cocaína y hasta abuelas de 80 años que acaban dependiendo de la fentanilo para soportar el dolor. Más infiltrado, enquistado y recidivante que nunca. Más fotografías que no queremos ver en nuestras ciudades donde el olor a marihuana sube por el ojo patio mezclado con los efluvios del puchero, el ajo frito y el café. La marca distintiva y compartida es la invisibilidad. Esa con la que nos protegemos al filo del abismo. ¿No se sobrelleva todo mejor cuando no lo vemos? Justo esta semana, cuando el Gobierno se ha retratado en el Congreso tremendamente debilitado e inestable, tal vez no era el momento más oportuno para hablar medio bien de Pedro Sánchez. O tal vez sí. Lo bueno de la historia efímera de los periódicos es cuando la encapsulamos en la hemeroteca y volvemos sobre ella con otra mirada. No son vicios de corbata; somos nosotros, la gente, con nuestras virtudes y flaquezas.

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