Crónicas Levantistas

J. M. Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

Susana, carretera y manta

La agenda de Susana Díaz está que arde, se siente fuerte, va como retando a posibles contrincantes. ¿A ver quién tiene el valor?

Poco antes de que Susana Díaz fuera designada futura presidenta de la Junta por José Antonio Griñán, su agenda de visitas comenzó a arder. Pulpí, Ayamonte, Fuengirola, Montilla y Casares, el pueblo que se les ocurra, hasta Santiago-Pontones, que está allá por donde Andalucía va perdiendo el acento para convertirse en murciana. No había día que estuviese en Sevilla. Hace unas semanas, la agenda de la secretaria general del PSOE andaluz ha vuelto a encenderse. En ascuas, nadie le puede negar a la ex presidenta que sea capaz de sacarle 25 horas diarias al trabajo, sobre todo si es al partido, que es donde se siente a gusto. El argumento de ahora es que está preparando a Andalucía para la reactivación económica de después de la pandemia, porque -ya lo saben- los dirigentes nunca entran en la vida interna de los partidos. Nunca entran, porque jamás salieron de allí.

Ferraz, Ábalos y Santos Cerdán preparan el desembarco en Andalucía con un candidato para liderar el PSOE andaluz; hablan y reciben a alcaldes, pero mientras tanto, Susana Díaz ha comenzado una campaña interna de tanta magnitud que está convencida de que sus críticos, como ocurrió después de las elecciones andaluzas, se cansarán y la dejarán pasar sin presentarle la batalla. Se siente fuerte. A ver quién tiene el valor.

Tampoco pondría la mano en el fuego por el arrojo de algunos sanchistas ni de los otros que ahora lo son.

El domingo pasado, en el Teatro de la Maestranza, fue la primera vez que utilizó su condición de ex presidenta de la Junta. Lo hizo para sentarse en la primera fila del patio de butacas, donde tuvo de compañero a José Rodríguez de la Borbolla. El tiro de cámara pasa por la primera fila, y allí se veía a la ex presidenta. Como jefa del grupo parlamentario socialista también hubiese sido invitada, pero se tendría que haber sentado un poco más atrás.

Casi como Susana Díaz, no hay dirigente andaluz que le haya echado tantas horas a la política y tantos kilómetros como Javier Arenas. Y no le sirvió, le ganó al PSOE, lo que no ha conseguido Juanma Moreno hasta el momento, pero carecía de compañeros en el Parlamento. Si Vox y Ciudadanos hubieran existido, hoy sería presidente de la Junta, pero la política es así de cruel con las personas. Arenas es otro que no entra en la vida interna de su partido, porque nunca ha salido. Su sombra se ve fugaz por las calles de Sevilla. Y de Almería.

Ni a uno ni a otro le sirvió su estajanovismo porque los kilómetros de carretera no aseguran el cielo, las victorias electorales obedecen a movimientos más profundos y, a veces, tanta carretera no deja paz para atisbarlos.

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