Celebración El Rocío refuerza su seguridad este fin de semana con motivo de la celebración de la Candelaria

El año ha empezado. A ver: no había ninguna razón seria para pensar que cambiar de año iba a mejorar nada. Pero los humanos somos así: creemos en la posibilidad de ser mañana mejores que hoy. Nos proponemos cosas, retos, objetivos. Nos decimos a nosotros mismos que todo va a mejorar, que encontraremos trabajo o pareja en el nuevo año, que dejaremos de ser tan imbéciles o que por fin empezaremos a hacer deporte o a dejar de fumar. Y hasta es posible que algo de eso ocurra. O no.

Pero el año ha empezado con las mismas guerras, ni una menos. Y en apenas diez días ha habido varios asesinatos machistas, igual de crueles y absurdos que los del pasado año. Y para redondear: un montón de fanáticos han decidido asaltar la democracia brasileña, al más puro estilo Trump. Voy a quedarme aquí: en el asalto de varios miles de brasileños al gobierno de Lula, recién constituido. Esos hombres y mujeres fueron allí convencidos de que tenían más derecho que el resto a conducir el país, que sus verdades eran más legítimas. Y que la mitad del país -los votantes de Lula- eran enemigos peligrosos a los que había que mantener a raya. Enarbolan la bandera brasileña porque están convencidos de que hacen lo mejor para su país. "Su" país.

La similitud con el asalto de los trumpistas hace un año da aún más que pensar. Las democracias se muestran muy frágiles ante estas nuevas formas de fascismos. Y puede que nos enfrentemos a una ruptura del sistema tal como lo conocemos. La polarización de las sociedades es una bomba de relojería, dispuesta para explotar en cualquier momento. Pero parece que ya hemos decidido que es mejor esa confrontación permanente que la convivencia.

Podemos esperar. Pensar que el nuevo año traerá nuevos vientos, y que de repente todos los seres humanos descubriremos nuevas formas de convivencia. Podemos sentarnos a tomar unas cervezas, o los turrones que aún quedan por ahí. Y confiar en que la bomba de relojería sobre la que estamos sentados se desactivará sola. Espontáneamente. Que nuestros hijos e hijas vivirán mejor que nosotros. Y bla bla.

Pero creo que, por nuestro bien, deberíamos ponernos a pensar en qué tipo de sociedad nos gustaría habitar de aquí en adelante. En nuevos pactos de convivencia que puedan convencer a las mayorías… Pues eso: o esperamos tiempos mejores o los construimos.

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