Cuando aún nos encontramos inmersos en la quinta ola de la pandemia a la que todavía no hemos conseguido controlar, y ante la constatación de que esta enfermedad ha llegado para continuar con nosotros el resto de nuestras vidas, va siendo el momento de analizar los resultados de la gestión de la enfermedad, plantear la normalización de nuestra convivencia con el virus y coger nuevo impulso para retomar y continuar viviendo, en un nuevo escenario en el que deberán corregirse algunos de nuestros hábitos de vida, no sabemos si de manera transitoria o definitiva.

Hay quien piensa que es muy pronto, ya que todavía tiene el miedo en el cuerpo y prefiere que se sigan tomando medidas extremas y evitar cualquier contacto social, pero esta decisión no puede tomarse en base a la opinión subjetiva de nadie, ni por criterios políticos o de intereses sectoriales, sino analizando los resultados de las vacunaciones, le respuesta de la enfermedad al tratamiento y las capacidades de los servicios médicos para prestar una atención adecuada.

Porque la enfermedad sigue estando ahí y seguirá estándolo, igual que otras muchas enfermedades graves con las que convivimos y vamos controlando con la ciencia y la investigación, pero no condicionan nuestras vidas. Objetivamente podemos afirmar que las vacunas han dado el resultado, más o menos esperado, y en base a las estadísticas de los resultados obtenidos, podemos decir que el riesgo de muerte irremediable para muchos colectivos ha pasado a ser un riesgo controlable, aceptando que habrá personas que de manera irremediable morirán como consecuencia de esta enfermedad, lo mismo que pasa y seguirá pasando con otras enfermedades.

De hecho, ya tenemos experiencias previas, aunque no con la extensión de esta, en su día el sida nos aterrorizó, la gripe aviar y las vacas locas pusieron en cuestión nuestra cadena alimenticia de tal manera que parecía que todo cambiaría. Hoy en día todos estos focos de transmisión de enfermedades mortales siguen ahí pero controlados, nadie lo cuestiona, pero a nadie le condiciona ya su vida diaria. Con las vacunaciones, los ancianos han dejado de morirse de manera sistemática, pasando el Covid a ser una de las múltiples causas de su muerte y no la más probable, los jóvenes en su gran mayoría la pasan sin mayores consecuencias.

Nuestra economía, nuestra salud mental, nuestra familia y nuestra sociedad necesita que aprendamos a convivir con este virus normalizando los protocolos en caso de brotes graves e imponiendo nuevas normas de convivencia que permitan compatibilizar la continuación de nuestra sociedad donde las dejamos. El riesgo no ha terminado pero ya estamos en condiciones de que la enfermedad deje de condicionar absolutamente nuestras vidas, necesitamos no tanto pasar página, ya que nos seguirá acompañando, como preocuparnos por otras cosas que dejamos aparcadas y debemos retomar. Aprendamos nuevos hábitos y perdamos el miedo a vivir, la principal causa de muerte es estar vivo.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios