“Queremos ilusionarnos… pero no nos dejan”

Con los 'penaltitos' a favor birlados echen las cuentas de cómo podría estar el Decano en esta Primera Federación

Un momento del partido entre el Recreativo de Huelva y el Mérida, este domingo.

Un momento del partido entre el Recreativo de Huelva y el Mérida, este domingo. / H. I.

¿Recuerdan a aquel ser de luz que, gracias al maravilloso destino o a la Providencia –y a una terrible gestión del Decano en el tramo final de la era Rodri– se nos puso en el camino? Sí, ese increíble empresario que cogió un equipo decente en Segunda, lo iba a llevar a la élite pero lo mandó a Segunda B; ése que alejó hasta a los más fieles de la grada y que ni jugándonos un posible ascenso a Primera logró meter a más gente en el Colombino que la que fue a un Recre-Cartaya en 3ª RFEF; ése que cambió para la eternidad “por sus bemoles” –dijo otra expresión, pero vamos a ser educados– nuestro escudo (ja, eso se creía él); ése que vaticinó que el Decano moriría por inanición en la tercera categoría (¡hasta en quinta ha estado más vivo que nunca!); ése que bramó que la campaña de salvación era inútil, el que tenía secuestrada las redes, quien dejó de pagar a jugadores, empleados, empresas, Hacienda, Seguridad Social… Quien se enemistó con todo quisqui, acercó al precipicio al club más antiguo de España hasta casi hacerlo desaparecer; ése que mareó con mejicanos o Infotelwi (¡qué época!)… El que ha sido declarado culpable, sí…

Pues ése, entre las mil inolvidables frases que nos dejó tan sabiamente y que pedían mármol, dijo aquello de “Queremos pagar pero no nos dejan”. Mítica e histórica sentencia, estarán conmigo. Pues verán: yo sé que el Decano tiene mil problemas, las carencias en su plantilla, cien cosas por mejorar… Pero oigan, los del silbato, los de ese gremio que ante el escandalazo Negreira, en vez de pedir explicaciones, hacen el avestruz de forma vergonzosa: lo que fallemos nosotros, culpa nuestra será; ustedes están para otra cosa. Un equipo que, en dos temporadas y media y con dos ascensos a sus espaldas, ha sufrido los arbitrajes que ha sufrido… No, eso ya no es casualidad. Claro que no. Con los penaltitos a favor birlados (luego nos los pitan en contra por soplidos al rival) echen las cuentas de cómo podría estar el equipo: con media permanencia en el bolsillo y, quién sabe, si ilusionándonos con alguna otra cosita. Porque igual es momento de eso, de ilusionarnos…“pero no nos dejan”. O, quién sabe, porque aquí hemos demostrado que, con todo en contra, nos venimos arriba como nunca con coraje de pionero, como pasó contra ese ‘gran gestor’ y esa situación límite. A por el Alcoyano. Y a hacernos respetar, narices.

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