Las palabras tienen consecuencias y los exabruptos, más todavía. Hay que tener cuidado con las descalificaciones a la labor de gobierno, independientemente de quién lo ostente. Tan alarmante es decir que en Andalucía rige el franquismo recalcitrante, como que en España lo hace un ejecutivo ilegítimo. Eso da alas a comportamientos poco edificantes. Por mala que pueda parecer una ley aprobada por el Parlamento, ésta es de obligado cumplimiento. Declaraciones de responsables públicos llamando a boicotear su aplicación, descalifican a quien las pronuncia. No se puede pedir responsabilidad ciudadana y actuar así.

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