La presidenta de las Cortes de Castilla y León, Silvia Clemente, escribió una carta a la familia de Laura Luelmo para trasladarle las condolencias de la Cámara y hacerla partícipe del minuto de silencio que la misma había guardado en memoria de la joven en su sesión plenaria de los días 18 y 19 de diciembre. La popular quería de este modo hacer llegar a los dolientes todo el afecto, respaldo y comprensión de los representantes públicos ante el bárbaro asesinato cometido contra su hija. La iniciativa es, desde todo punto de vista, loable, y así lo agradecieron José Ángel Luelmo y María Teresa Hernández en su carta de respuesta. Pero no se quedaron allí, fueron mucho más lejos y por primera vez rompieron el silencio impuesto por su dolor para poner negro sobre blanco cuanto en estos duros momentos les viene a la cabeza.

Sobrevivir a un hijo va contra la naturaleza, eso es algo que por mucho que se repita no deja de ser cierto, pero hacerlo además en las circunstancias ocurridas en este caso ahonda en un sufrimiento insondable. Por eso, por la incomprensión ante la tragedia sufrida y supongo que por el dolor contenido, el matrimonio Luelmo Hernández ha querido dejar claro en un sobrecogedor ejercicio de reflexión que no es posible permitir que cosas así sigan sucediendo. "Por favor, sientan, piensen, reflexionen, pónganse en nuestro lugar (algún día les puede tocar de cerca) y actúen". No hay frase más demoledora y lapidaria para definir los sentimientos de una familia a la que una bestia ha arrancado lo que más quería. Está muy bien eso de los minutos de silencio, las condolencias y los gestos, se agradece seguro, pero lo que hay que hacer es, de una vez por todas, apostar porque la ley caiga con todo su peso sobre estas alimañas.

Me hace falta reiterar que, como padre, uno está a favor de que estos monstruos cumplan en prisión todos y cada uno de los días a los que fueron condenados. Igual que creo perentorio suscribir la petición de esta familia destrozada para exigir al Estado medidas que eviten que quien ya había actuado como un salvaje tenga siquiera la opción de plantearse volver a hacerlo. La experiencia profesional de dos casos como los de los pequeños Mari Luz y José Bretón y el de Laura Luelmo, vividos en la primera línea de dirigir un periódico local que asistía estupefacto a los hechos, me justifica al considerar que quienes son capaces de actuar como lo hicieron estos dos animales innombrables no merecen disfrutar de la libertad. Así de claro. Y para que eso no ocurra nuestros dirigentes políticos deben dejarse de gestos y pasar a los hechos. La izquierda ha de perder sus complejos y escuchar la voz de quienes han sufrido. La Justicia debe tener una misión reinsertadora, desde luego, pero hay quien ha demostrado que es incapaz de reinsertarse en el mundo de las personas normales.

Y otro día hablaremos del silencio de la cochambre televisiva ante esta carta desesperada. Terminó ya el morbo de las conexiones en directo y ahora toca mirar a otro lado. Laura ya no es noticia y ahora toca escarbar alrededor de Julen. Ojalá algunos pudieran ponerse en el lugar de los que sufren.

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