En los años 70 se hizo muy popular una canción italiana que cantaba Mina a dúo con Lupo Parole, parole) en la que él le hablaba de amor, hacía planes de futuro y le prometía el cielo. Ella confiaba tan poco en su romántico discurso que, como respuesta, le cantaba aquello de parole, parole, a modo de "son palabras nada más", sin contenido y en las que no puede confiarse. Se me ocurre que sería un himno perfecto para señalar el fin de las sesiones parlamentarias. Ya me imagino a la señora Batet, presidenta del Congreso, ponerse en pie y arrancar con ese pegadizo estribillo de parole, parole… refiriéndose a (casi) todo lo que se ha dicho y oído allí, ya sean mensajes abstractos o concretos, ya venga de la izquierda o de la derecha, ya lo exprese el líder de un partido o el último de la fila…, se repiten en cada sesión tan monótonamente, faltan tanto a la verdad, insultan al contrario con tanta frecuencia… que casi conviene que sean simples paroles y nada más que paroles huecas, sin contenido ni firmeza…

Seguramente los políticos españoles (al menos los líderes de los diferentes partidos, que son los que hablan) deben tener buenos asesores, porque en momentos de tensión controlan todo lo que no deben decir. Sus mensajes, según parece, están debidamente reflexionados, porque son repetitivos y vacíos. Se preocupan más, y mal, por la forma (el gesto, las falsas sonrisa…) que por el fondo, tienen más interiorizadas las apariencias físicas que el contenido de sus discursos; aunque algunos conocen bien el lenguaje gestual como medio de comunicación y saben cuánto puede comunicarse a través de la mirada, de las sonrisas, o de la postura corporal, sólo hay que analizar las poses que adoptan en las sesiones parlamentarias…

Los tuits están dañando nuestra lengua, pero no tanto como la hiperutilización de palabras vacías, esas que se memorizan y que se repiten una y otra vez, monótonamente. Esa "necesidad de diálogo" (cuando se habla y no se escucha al oponente) o de "negociación" (sin intención alguna de perder nada), o de "respeto" (cuando se ignora al otro) o de "compromiso" (olvidando los acuerdos). Desde Sánchez hasta Abascal, pasando por Casado, Rivera o Iglesias, cuando hablan sólo ofrecen parole, parole, en el más puro estilo Camela.

Es urgente reivindicar la palabra, esa que informa y es capaz de transmitir vivencias, emociones y sentimientos; esa que consigue que exista todo lo que está a nuestro alrededor, por el solo hecho de nombrarlos.

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