No todas las generaciones tuvieron las mismas oportunidades, depende del momento histórico que nos toque vivir nuestra vida será más o menos fácil. Todavía quedan mujeres a las que les tocó vivir una sociedad machista en la que se las relegaba socialmente a un segundo plano, a pesar de ser en muchos casos el sustento de la familia en base a su propio sacrificio. Mujeres que necesitaban del permiso de su marido para algo tan básico como abrir una cuenta corriente o firmar un contrato de trabajo.

Puede que esto le resulte tan lejano a los jóvenes de hoy en día que no caigan en la cuenta de que sus propias abuelas vivieron estas situaciones. Abuelas que a base de trabajar sin descanso sacaron a sus familias adelante, con el único sueldo que entraba en su casa que era el de su marido que le entregaba mensualmente en un sobre, y al que previamente le había dado un pellizco para sus gastos. Mujeres que mucho tendrían que enseñar hoy en día de administración de lo común a economistas y políticos, sobre como con muy poco se puede conseguir sacar adelante un proyecto con recursos claramente insuficientes.

Estas abuelas que una sociedad machista les negaba cotizar, aunque no trabajar ya que trabajaban como el que más, y que confiaron que algún día la sociedad por la que sacrificaron su vida, reconociera sus renuncias a cambio de gratitud en su vejez, y sin embargo reciben hoy en día una nueva humillación por parte de la sociedad actual que se empeña en esconderlas por no ser ejemplo del nuevo modelo ahora sí, igualitario. Y todo porque la nueva sociedad, que por fin destierra el machismo de sus entrañas y consigue un trato más justo para sus ciudadanos, se olvida que todavía están presentes mujeres que sufrieron otro modelo y reniega públicamente de ellas, sin pararse a pensar que sacaron adelante a su familia sin nadie que se lo agradeciera nunca, sin pedir nada a cambio, y que ellas también fueron víctimas de su tiempo.

Por esto, hay que tener cuidado con los argumentos que se emplean hoy, en justificar determinadas medidas como la eliminación de deducciones fiscales que beneficia a familias en las que solo uno de la pareja trabaja, asumiendo determinados principios de malentendido feminismo en el que se presupone en primer lugar que si un miembro de la pareja no trabaja siempre es la mujer y que lo hace voluntariamente con la motivación de ahorrarse esta deducción fiscal y en segundo lugar porque parece querer castigar a las que nunca trabajaron, perdón cotizaron, por pertenecer a otra generación en la que no tuvieron otra opción, dejando entender que si nunca trabajaron fue supuestamente por vivir del cuento del sueldo de su marido. En muchas leyes se tienen en cuenta periodos transitorios para situaciones en extinción, algo que ahora negamos a personas ya mayores que deberían verse compensadas por lo que tuvieron que vivir, en lugar de señaladas por ser mal ejemplo para la sociedad moderna. Que sería de nuestra sociedad si no hubieran existido estas mujeres, no merecen comprobar como la sociedad les hace ver que sus vidas son hoy en día un mal ejemplo, un poco de empatía histórica no nos vendría nada mal, hasta en la declaración de renta.

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