Antonio Carrasco

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Luchadores en la rutina

Fue uno de los temas más populares durante toda una semana de verano. No es poco teniendo en cuenta la capacidad que tenemos para solapar cuestiones vitales de quita y pon en profundos debates transitorios. De la salud mental hablamos y opinamos todos con enorme criterio después de que Simon Biles descorriese la cortina del tabú para arrojar luz sobre una realidad que nos acompaña a todos sin excepción. Solo tienes que mirar a tu lado y lo verás. La decisión de la deportista fue valiente y dio la oportunidad a las personas que sufren diferentes problemas de salud mental de sentirse en el foco, escuchadas y atendidas por primera vez. Con la importancia que requieren. Superado el impacto inicial, la atención se diluyó hasta la sombra habitual.

Todos convivimos con los problemas de salud mental. Quienes no han padecido en cualquier momento trastorno alguno, lo han sentido entre sus seres queridos o están expuesto a ser pacientes a lo largo de su vida. Todos. Recuerdo que hace unos días los familiares de pacientes con alzhéimer reivindicaban que se reconociese como afectados por la terrible enfermedad no solo al enfermo, sino a sus acompañantes que deben sufrir a su lado sus duras consecuencias, en soledad y con pocas ayudas.

Forma parte la salud mental de esos problemas que resolvemos dedicándole un día mundial al año (el próximo domingo es el suyo así que esta semana volverá a ser un tema recurrente) para mirar de reojo los otros 364. Como pandemias silenciosas las definimos en estos tiempos aplicando términos recurrentes. Más que silencio existen un abandono cubierto de prejuicios que condena a muchos de los que tienen que luchar cada día contra sus propios demonios internos y la ineficacia de una sociedad que no le presta la atención que requieren. Sin recursos propios es toda una quimera tener una cobertura psiquiátrica o psicológica adecuada, por ejemplo. Las terapias se convierten en lujos para quienes no pueden pagar 50 o 60 euros por sesión. Hagan las cuentas. Si la salud es un bien inaccesible es que algo falla en nuestro sistema.

Y no, no son débiles de espíritu, ni mentalmente frágiles, le echan cuento o son unos flojos. Ojalá los que nos creemos tan vigorosos tuviésemos la fortaleza que ellos demuestran para afrontar cada día su lucha, para superar obstáculos a los que los demás restamos importancia, esquivar las miradas inquisidoras y enfrentarse a la incomprensión en su lucha diaria, en su dura rutina.

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