Está jodido el tema, eh. Ligar en tiempos de coronavirus es todo un reto. Siempre lo es, pero es que ahora las dificultades se han multiplicado. Mascarilla, distancia social… Esto podría ser perfectamente un guión de un capítulo de How I met your mother en el que Barney Stinson va a poner en marcha una de las jugadas anotadas en su Playbook y sentencia con su challenge accepted. Traducido al español, sería algo así como No hay huevos de ligar con mascarilla. No conozco a nadie que lo haya hecho, pero Barney lo conseguiría seguro.

La frase con la que abrí este artículo es la respuesta que me han dado algunos amigos solteros cuando les he preguntado por el asunto. Muy posiblemente si la pregunta se la hubiera hecho en una etapa post-Covid y con el gobierno recomendándonos abrazar y besar sin parar, la respuesta habría sido la misma. Pero ese no es el tema. Pensándolo bien, quizás la forma de ligar durante el confinamiento no ha cambiado tanto, aunque desde luego ha crecido. Desde hace años, el uso de las apps de citas está más que extendido. La primera toma de contacto, el romper el hielo… Es muy común que se dé a través de la red. Más aún en una generación nativa digital como es la generación Z (los nacidos entre 1995 y 2015). Entre los jóvenes, las aplicaciones que más se usan para ligar son Tinder e Instagram. La primera es una app de citas al uso. Para poder iniciar una conversación de chat, dos personas tienen que haber indicado que se gustan. Lo que se conoce como hacer/tener un match. La segunda es, como sabes, una de las principales redes sociales del mercado. No está creada con el objetivo de conseguir citas o enamorarse, pero su uso demuestra cada día que es efectiva para estos fines. Todos tenemos a algún amigo que ha empezado a salir con alguien tras tontear en Instagram. Y si no lo tienes, es que eres tú. De hecho, diría que incluso no está tan mal visto como ligar en Tinder. Cosa que me parece una tontería mayúscula y de la que hablé en semanas anteriores (el artículo se llama Multa por ligar en Tinder). Instagram tiene sus códigos, sus propias señales y estrategias de ligoteo. Pongámonos en situación. Comienzas a seguir a alguien y te devuelve el follow. Bien, es un buen inicio. Le das like a alguna publicación suya. Ey, ahora el/ella te ha dado like en una de tus fotos. Vas bien, vas bien. Decides ser más claro, y das unos likes traviesos a varias publicaciones (entre ellas a alguna foto antigua que te ha obligado a hacer un scroll infinito por la pantalla). El/ella hace lo mismo. Esto huele a ligoteo ya… Uno de los dos da el paso para escribir un mensaje privado al otro (quizás lo haya hecho contestando a un story, que así es más fácil romper el hielo), y zas. Es la hora de chatear y demostrar tu ingenio y tu simpatía. Ánimo con ello.

Por último llega la cita. El cara a cara. La parte más complicada, y más en tiempos de pandemia teniendo que aplicar medidas de seguridad. ¿Estarán algunos exigiendo PCR negativo a sus citas? ¿El coronavirus habrá hecho desaparecer la figura del picaflor? Me temo que no.

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