Parece que van por un camino sin retorno. Una vez más al pasar por una calle céntrica de la ciudad me encuentro con un comercio vacío, cerrado, que ya pasó al álbum de los recuerdos.

Poco a poco, aquellos establecimientos amigos que conformaban la visión amable de las calles de Huelva van cayendo en la triste agonía de tiempos difíciles.

Se fueron emblemáticos cine y teatros onubenses, se fueron bares de solera en la vida capitalina, se fueron comercios que tuvieron años de gloria y esplendor…

Hoy, noto de menos algo que para mí es como un termómetro de la cultura. Echo en falta una admirada y bien surtida librería muy cercana al Ayuntamiento onubense. Es una lástima.

Hace relativamente poco tiempo, unos tres años, escribía en este mismo rincón de nuestro periódico unos pensamientos sobre una conocida librería que era orgullo de cuantos nos apasionamos por la lectura.

Pasear por una librería es caminar por sueños de papel, hechos con retazos del corazón y suspiros del alma.

Todos los libros unidos sin distinciones temática forman como una república de libertades donde las ideas no se combaten entre sí, sino que, acurrucada cada una de ellas en su parcela literaria, reposan unas junto a otras en la horizontalidad de la misma estantería común.

La Dama Culta ya se ocultó para siempre. La vamos a echar de menos. Era un santuario de la lectura local.

Pero existe otro en la provincia que al parecer vive sus últimos tiempos. Me refiero a La Parada, en Punta Umbría, donde Juan González creó un auténtico palacio de libros para dotar a Punta Umbría, desde hace muchos años, décadas, de un establecimiento único, siempre actualizado, moderno y con un personal agradable y afectivo que sabía complacer a los clientes que buscaban con interés sus preferencias.

La posible marcha de La Parada nos va a causar un gran pesar. Nunca vi a un librero tan entregado a su profesión, con entusiasmo y alegría, asistiendo siempre a todas las Ferias del Libro de la capital y con un afán de ayudar y extender la cultura con esa arma secreta y silenciosa de los libros.

Esos establecimientos que nos ofrenden la adquisición de libros son necesarios en la vida culta de la ciudad. Las librerías son los caminos para dar salida a esas obras que esperan los lectores. Un libro sin leer es un amor truncado que aguarda su éxtasis de plenitud.

Dicen que hoy se lee menos que antes, cuando los sistemas de difusión de libros son mejores y más rápidos desde que llegó la época digital.

El libro es una voz sin palabras que nos llega al corazón suavemente, para encender la llama del interés, del entretenimiento, y del saber.

La profesión del librero es difícil en los tiempos actuales. Yo diría que a veces heroica. Pero siempre encontrará el apoyo y el calor con el agradecimiento de quienes, a su sombra, dejan impresos sus sentimientos, ensoñaciones y dudas para que en sus galerías reposen los libros, mientras llegan los libertadores de su quietud.

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