Histeria sobre listeria

Decía Borges: el peronismo no es ni bueno ni malo, lo que no tiene es remedio. Como la política española. Nuestros políticos son tan buenos y tan malos como el resto de los ciudadanos, lo que no tienen es remedio. Parece irremediable su extremo sectarismo. Aquí no hay debate del que pueda salir algún tipo de acuerdo, sino trincheras desde las que derrotar al adversario.

El partidismo exacerbado hace imposible, incluso impensable, la salida más lógica y racional a la crisis de la investidura y la que mejor reflejaría la voluntad popular (una coalición PSOE-Ciudadanos), y muy difíciles las otras salidas posibles a una situación tan normal, y tan europea, como la falta de mayoría absoluta. Llegaremos al fracaso de la repetición de elecciones por el partidismo de todos los actores políticos, incluidos aquellos que las van a perder.

No hay conflicto del que los que tienen el poder y los que lo ambicionan no intenten sacar tajada por encima de cualquier otra motivación. Por encima hasta del interés de los perjudicados. Piensen en la crisis de la listeriosis andaluza, con doscientos enfermos, varios muertos y numerosos abortos de pacientes embarazadas. En vez de cerrar filas en torno a la eficaz respuesta del sistema sanitario público y contra los gestores de la empresa chapucera que ha puesto en peligro la salud de la gente, se pone el foco en el consejero de Salud y se exige su dimisión ya. Igualmente, la Junta presume de ser un ejemplo a nivel mundial de gestión de una crisis que todavía está en pañales, y el propio consejero trata de desviar la atención pregonando fallos, supuestos o reales, de las autoridades municipales de Sevilla, con las que comparte competencias de control sanitario e higiene alimentaria. Donde sólo debe haber cooperación y lealtad lo que encontramos es confrontación y desconfianza. Una parte de los andaluces ha reaccionado con histeria al insólito brote de listeria, pero la mayor parte de los políticos también han hablado y actuado con la histeria del sectario adicto al poder a cualquier precio. Todo los vale para el convento.

Como ha pasado en el pleno del Congreso con la comparecencia de Carmen Calvo sobre la gestión de otra crisis, la del Open Arms. Nadie en la oposición fue capaz de admitir que el Gobierno, atrapado en el dilema maxweberiano entre la ética de las convicciones y la ética de la responsabilidad, hizo lo que pudo. Sí, fue una chapuza, pero es lo único que cabe hacer con un problema que no tiene solución a corto o medio plazo: trampear, ir tirando, cerrar las fronteras dejando alguno agujeros humanitarios... Yo creo que es lo que harían PP y Cs si gobernaran, pero como están en la oposición sólo gritan que Pedro Sánchez no tiene política sobre la inmigración y que hace falta una política europea. Y Podemos, en el poder, dejaría entrar a todo el mundo hasta provocar un estallido social que arrasaría todos los derechos humanos.

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