Hay varios asuntos en Huelva que pueden ser catalogados como cuestión de Estado y con los que no se debería jugar ni polemizar de manera gratuita. Uno es el de las infraestructuras, que el 15 de marzo nos han citado a todos en la calle. Otro es el del pujante sector de los frutos rojos, al que hay que defender de interesados ataques que rebrotan al mismo tiempo que nuestros campos ofrecen su oro colorado. El jamón tampoco se queda atrás y quien se meta con Jabugo ha de saber que tendrá enfrente a una piara grande de onubenses de nacimiento o adopción dispuesta a explicarle por qué las dehesas de esta tierra son canela en rama.

Después de estos tres temas hay un cuarto con el que muchos juegan, al que pocos consideran en lo que vale y que mueve nada menos que el 10% del PIB de la provincia: el turismo. Esta semana, Huelva ha mostrado en Madrid las excelencias de su oferta en la Feria Internacional del Turismo (Fitur), uno de los expositores más importantes del mundo en la materia. Allí, sitiados por los taxistas, empresarios y ayuntamientos han contado que desde Chucena hasta Ayamonte y desde Matalascañas a El Almendro hay más de mil motivos para venir a conocer y disfrutar del paraíso que alberga esta tierra. Gastronomía, historia, patrimonio, cultura, deportes de riesgo, tumbonas de playa, procesiones, tiradas, caza, pesca y otras hierbas se han explicado ante quien ha querido atender. Cierto es que Fitur es un encuentro al que las administraciones deberían darle una vuelta, pues no son pocas las ocasiones en las que se vende el producto a quien ya lo conoce. Pero no es menos cierto que con que caiga un despistado por el estand preguntando de qué va eso y se vaya convencido y dispuesto a hacer negocio debemos darnos por satisfechos. Promocionar es estar presente en la feria, patearse los pabellones, poner buena cara y sonreír a todo cristo. Vender es enseñarles también a nuestros vecinos autonómicos que en verano y en invierno las sardinas y los ibéricos son la mejor forma de pasar unos días alejados del mundanal ruido. Que hay cosas que cambiar, por supuesto. Que se podría ser más ambicioso, también. No vamos a negarlo.

Sin embargo, como no se logra nada es con el enfrentamiento y la pelea. Por eso, que el Consejo de Turismo dependiente de la FOE le arree al Patronato de Turismo en pleno certamen promocional debe llamarnos a la reflexión. Huelva ha perdido viajeros en 2018, cierto. El frío con el que arrancó el verano, las pésimas conexiones, los temporales y la recuperación de mercados como el tunecino, el egipcio o el turco que nos habían prestado viajeros están detrás de esta realidad. Achacarlo también al escaso esfuerzo inversor en promoción no parece lo más adecuado, como tampoco lo es meter a los empresarios en peleas que corresponden más a los políticos por su propia naturaleza natal. Si Huelva va a ser capaz de sumar esfuerzos para pedir mejores trenes no debe restarse fuerza en debates empresariales. Como leí el otro día de un pensador cuyo nombre no recuerdo, "separados somos gotas, pero unidos somos océano". Evitemos por tanto las marejadas.

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