Paco Huelva

Encrucijada

Los designios más nefastos que pudieran ocurrir en el mundo civilizado se han juntado en este fatídico año

No es necesario poseer dotes de presciencia para comprender que las cosas andan mal en el orbe; es suficiente con ser un tipo normal, corriente, del montón… como quien escribe este diserto.

Pareciera que los designios más nefastos que pudieran ocurrir en eso que llaman el mundo civilizado y también en el otro -no lo olvidemos, porque aquí estamos todos en el mismo barco-, se hayan juntado en este fatídico año -desde luego no por azar-, para presentarnos un escenario global cuasi diabólico, además de aberrante y punitivo a mi entender, que está poniendo en solfa la tranquilidad e incluso la supervivencia de al menos una parte importante de la humanidad, si el ventarrón no sigue aumentando y aumentando de intensidad, y borra de una explosión nuclear o de miles, -auspiciada por un psicópata y contestada con las mismas armas por otros con cerebros similares, e incluso sin participación humana, respondida por los algoritmos que controlan dichos artefactos-, cualquier atisbo de inteligencia de la faz de la Tierra: de eso que llamamos la humanidad, aunque la agudeza mental brille por su ausencia.

Y los artífices de tales circunstancias resultan que son los que ostentaron el poder hasta hace bien poco -en las últimas décadas- y estructuraron el orbe tal como está, cargado de armamento variopinto, incluido el nuclear, para que, los actuales dirigentes, a los que pareciera importarles una higa el devenir, jueguen con fuego hasta los extremos insospechados en los que nos encontramos.

Aparte de que las decisiones que se tomaron en las últimas décadas llevan camino de destrozar el planeta si continuamos viviendo al mismo compás que lo hacemos, y que el cambio climático es tan evidente como que todo animal -y los humanos lo somos- ha de fenecer de forma natural o por accidente, cuando proceda, resulta, que, abanderados por los imperialismos, uno que está en proceso de descomposición, liderado por los EE UU y sus satélites, entre los que nos encontramos -y que, como todo imperialismo morirá matando-, y otro que renace económica, industrial y militarmente con China a la cabeza y sus adláteres al lado, al paisanaje, o sea, a los de a pie, no nos queda otra que protestar si acaso, jugándote en muchos casos el pellejo, porque, hablar o escribir a veces, se paga con la vida si no es del gusto del señor de turno.

En Europa la guerra está servida y en Taiwán planteada. Y la industria militar, encantada. Sigamos.

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