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En el año del centenario de la muerte de Benito Pérez Galdós, que celebramos, pensaba escribir un artículo sobre sus obras llevadas al cine, que fueron varias y alguna más de una vez. Pero mi gran compañero y sobre todo amigo, uno de los mejores escritores de Huelva, Ricardo Bada, se me adelantó con una espléndida pieza periodística como es habitual en él, magníficamente compuesta y documentada. Le confesé mi frustración y amablemente me conminó a intentarlo más convencido que yo de mis aportaciones al tema. En estas dudas, Ricardo Bada me sorprende en una de las últimas entregas de su diario, con una comunicación que había recibido desde Madrid sobre la polémica suscitada cuando alguien había desempolvado una cita del escritor Juan Benet (1927-1993), considerado por algunos "uno de los autores más influyentes del siglo XX".

Según Benet: "Benito Pérez Galdós es un escritor de segunda fila elevado (casi por razones de prestigio nacional) al rango de patriarca de las letras". Y añadía Ricardo en su Diario, lo que suscribo íntegramente: "La frase de Benet podría yo parafrasearla diciendo que Juan Benet es un escritor de segunda división (regional), elevado por razones de oscuridad total en su lectura, al rango de gurú de la crema de laintelectualidad. [La referencia a su mítica Región es una ampolla de cianuro potásico escondida entre paréntesis]. ¡Qué más hubiese querido Benet que escribir una obra comparable a Fortunata y Jacinta o a la tetralogía de Torquemada. Era además un maleducado del copón". Indicaba a Ricardo lo mal que me cayó Benet, en una mesa redonda en torno a Cine y Literatura, en el Festival de Cine Iberoamericano de 1980, que moderé y en la que intervenían también Cabrera Infante, Gutiérrez Aragón y Edgardo Cozarinsky, en la que, con una desabrida argumentación, contrariaba el fundamento del propio debate, que respaldaban el resto de los ponentes.

Recordaba Bada el duelo en Madrid en el otoño de 1986, en unas jornadas culturales hispano-germanas, entre Benet y Günter Grass, que él presenció, donde el Premio Nobel lo puso "inmisericordemente en ridículo". Provocó las risas de quienes conocían el francés y el alemán, cuando Grass mencionó la más famosa novela de Sartre, La náusea. La intérprete tradujo el título alemán, como lo había hecho Grass: Ser Ekel, más bien El asco, Los alemanes presentes no sabían qué pensar y cuando se les explicó se partieron de la risa. Según me cuenta Ricardo, Grass quedó impresionado del nivel cultural del público español. En otra ocasión, el relato de cuya anécdota excede del espacio de esta columna, le visitó en su casa porque le traía un par de consultas de su traductor alemán, no se dignó recibirle, comportándose de la manera más incorrecta. Como le comentaba a mi entrañable comunicante, volviendo al tema inicial, que Benet se atreviera a hablar así de Pérez Galdós, me parece ignorar su propia posición en la literatura española.

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