La vida es una humillación permanente que hay que salvar con la lectura. Día a día, sin prisas. Aprendiendo de ella con pasión, con amor. Salvando los momentos, amando la verdad y la bondad. Gran parte de la culpa de esa humillación la tienen nuestros políticos. Dan un espectáculo bochornoso, deprimente. Y aún tienen ganas de mostrarse, de manifestar su falsedad, de mentir, de engañar. Nuestros políticos ya no hacen política, juegan a la política con el descaro propio de unos adolescentes inmaduros. Gobiernan en el reino de la imbecilidad.

Escribe Cervantes en El Quijote: "El que no sabe gobernarse a sí, ¿cómo sabrá gobernar a otros?". Nuestros políticos no saben gobernar, han perdido la personalidad, la madurez, la sensatez. Se empeñan en defender la mentira e intentar engañar. Los populistas defienden la subida del salario mínimo y critican los contratos basura sin poner remedio a los males, sin buscar soluciones efectivas. Pero ellos, nuestros políticos, han aprovechado sus nombramientos en cargos electos para subirse el sueldo hasta un 35% en algunos casos. Y esto es una vergüenza. Esto es una desfachatez.

La política es una de las mayores preocupaciones de los ciudadanos. Está a la altura de otras que realmente deben serlo. Han pasado de ser políticos a ser políticos figurativos, figurantes de una comedia falsa que enseña todo, enseña hasta sus miserias. Nuestras creencias se tambalean (no olvidemos que el ateísmo no es una forma de desconexión), nuestro sentido común desaparece, la verdad se justifica y hasta se duda de la certeza. La sociedad se está decolorando. Los intelectuales solo escriben de lo banal, la mentira gana peso a la verdad, los recuerdos se utilizan con intereses, la maldad promueve las divisiones de los ciudadanos. Andamos en el camino de la decoloración. Escribía Saint-Exupéry en Carta a un rehén: "Los recuerdos de la casa se decoloran si ya no sirven".

Sin la lectura la vida es en blanco y negro, porque leer es empezar a vivir desde cero, olvidando casi todo lo que no merece la pena. Quedándonos en la verdad; como dice Cervantes: "La verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira como el aceite sobre el agua". La lectura es como una lluvia fina que nos va calando, poco a poco, nos moja con el agua de la sabiduría, del conocimiento, hasta empaparnos de verdad, de amor, de pasión. Si las personas leyeran más a menudo El Quijote seríamos mejores personas. De los políticos ni hablamos.

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