Análisis

Juanma G. Anes

Mr. Látigo sin autodestrucción

Mas allá del mal partido del Decano mi preocupación nocturna del sábado no superaba el lógico disgusto de que en tres simples jornadas de liga ya habíamos saboreado más platos caducados que buenos postres. ¿Alarmante? Lo justo. ¿Que hay síntomas por corregir? Negarlo sería de necios. Sin embargo, mi mal sabor de boca se acentuó con las declaraciones de Monteagudo en la rueda de prensa. Ya saben: "Nos ganaron en intensidad. Mi equipo no puede ser esto. Con el nombre no se juega. Se puede perder, pero de otra manera". Él refrendó que lo de Villarrobledo (¿en serio alguien despreció a ese bonito pueblo y a ese honrado equipo?) no fue una caraja general de esas inexplicables, sino un cúmulo de falta de atención y de intensidad. Y eso sí mosquea más.

Por partes: veo bastante positivo que el entrenador albiazul no ponga ni medio paño caliente desde el principio y que explique las cosas tal y como son, como lo vimos todos, alejándose de milongas: al pan, pan, y al vino, vino. Nada de excusas: ni el calor, ni el balón parado, ni la alergia que daban los árboles del fondo ni puñetas. El partido fue un fiasco y si todos lo tenemos claro más fácil será encontrar el remedio. Lo negativo: él es el primero que tiene que hacer que un equipo salga enchufado como si se estuviera jugando la vida en cada duelo. Además, las ganas, la intensidad y el máximo esfuerzo no se negocian; eso debe venir de serie con quien se enfunda la camiseta albiazul y más viniendo de donde venimos. Es triste que se tenga que recordar aunque estemos en pleno mes de septiembre. Esperemos que este guantazo de realidad tenga su efecto en el vestuario una vez dicho todo tan claramente fuera de él.

Pero creo sinceramente que una cosa es vivir unos días con una contrariedad obvia y lógica y otra iniciar un proceso de autodestrucción prematuro. Que tampoco este inicio es lo de Hiroshima, vaya. Es sano criticar con más o menos argumentos, pero tratar a ciertos jugadores como si fueran cojos por un irregular inicio, poner de ciego a quien los trajo o de inútil a quien los trata ya es otra historia, aunque allá cada cual con su función en la vida. En la exigencia -deportiva y extradeportiva- está la clave del crecimiento, sin duda, pero ni héroes ni villanos en seis míseros días. Eso sí, sacar el látigo a tiempo nunca fue un problema. De eso estoy convencido.

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