Análisis

Juanma G. Anes

Demasiado corazón

Tras la desagradable resaca por el postrero gol melillense estaba escrito que este Domingo de Ramos debía finalizar tal y como se coronó: con otro gol anotado por el Decano en el tramo final del duelo para aguantar la victoria, esta vez sí, hasta el último suspiro. Y así se acabó -espero- ese pequeño/gran trauma temporal sembrado ante el San Fernando y regado en el Álvarez Claro. Este equipo mira muy alto y está muy bien apretarle, pero no me cansaré de recordar la necesidad de controlar la perspectiva: hemos pasado de exigirle no pasar apuros a pedirle luchar por el cuarto puesto; ahora, con ese objetivo aún en el aire, le estamos torturando, algunos más que otros, para que nos deje primeros el 19 de mayo (fecha de grato recuerdo, por cierto). Y digo yo: en vez de hacerle un tercer grado al Abuelo durante este bonito camino, ¿no será mejor darle caricias hasta la extenuación por todo lo que nos está ofreciendo? Y disfrutar un poquito del momento, caramba…

Que a falta de cinco partidos para terminar la temporada el Recre esté casi en lo más alto tiene mucho mérito por más lamentos que soltemos sobre puntos que volaron aquí y allá. Y sin un penalti a favor, que es de traca. Ya lo hubiéramos firmado en julio, diciembre y hace apenas cuatro semanas. Es el resultado de un trabajo coral, porque nadie tiene una varita mágica infalible pese a que haya quien cuente cuentos en otra dirección. Ah, ¿recordamos ahora la de lindeces que recibió Carazo cuando se decidió la no continuidad de don Antonio Núñez? Dio pena y coraje, sí, pero entraba dentro de la lógica, y lo dice uno al que también le hubiera encantado ver disfrutar este curso al capitán de las carreras -y de los bemoles- inagotables.

En la visita a Sevilla de este domingo habrá mucho en juego, pero no conviene olvidar que nada, sea bueno, malo o regular, se convertirá en definitivo, aunque nadie esconde que triunfar en tierras del amigo Caparrós sería poner otra pica en Flandes. Y suerte y fuerza a don Joaquín en su eterna lucha de sangre roja y blanca. Yo sé de uno a quien su inquebrantable corazón recreativista le ha servido de mucho estos días. Por él, por su inseparable ángel -rosa- de la guarda y por los suyos, a seguir disfrutando (y sufriendo) con el Decano, que de eso se trata: de pelear con el Recre hasta el final.

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