La guitarra compañera
Historias del fandango
La guitarra tomó un decisivo protagonismo como instrumento de acompañamiento flamenco desde los años 50-60 del siglo XIX
El origen quizás árabe del fandango
Fiel aliada, se hizo inseparable del flamenco desde mediados del siglo XIX. Y tomó protagonismo también como solista en los conciertos. La notoriedad de los guitarristas clásicos venía de mucho tiempo atrás, con los métodos y brillantes composiciones de maestros reconocidosde los siglos XV y XVI. Pero sus ejecutantes pre flamencos no habían pasado de meros rasgueadores sin nombre ni prestigio; ahora, en cambio, se valoraban porque las posibilidades del instrumento se aplicaron a los géneros populares y emergieron figuras muy brillantes [1].
“La guitarra –afirma Faustino Núñez en Flamencópolis– ejerce una labor primordial para el nacimiento del género flamenco, recreando un repertorio que sentará las bases sobre las que construir la técnica y la estética de lo que es hoy la guitarra flamenca. Es el instrumento que supo fundir las dos escuelas de tañer la guitarra española, punteada y rasgueada... [Y concretamente para] el fandango, el acompañamiento de la guitarra lo convirtió en el género más cultivado en el siglo XVIII”. Ya en el siglo XX, sus toques marcarán decisivamente la personalidad de los fandangos alosneros y los de Huelva en los acompañamientos.
Paco el de Lucena, el revolucionario
La guitarra era el instrumento de los barberos. Las barberías fueron auténticas escuelas de iniciación para muchos aficionados y futuros tocaores. Paco de Lucena, que nació en 1859, se hizo guitarrista trabajando en una barbería, donde entró de aprendiz y consiguió superar al maestro Espinosa, iniciando una carrera de las más brillantes de su tiempo.
Muy joven aún, rivalizó con Paco el Águila, tratando de ganarse el favor del público con falsetas cada vez más sofisticadas. Se cuenta que el veterano El Águila quiso darle una lección al joven lucentino y acompañó a un cantaor, una noche en un café cantante de Málaga donde los dos actuaban, con un guante en la mano izquierda, a lo que respondió el de Lucena quitándose un calcetín y haciendo lo mismo en un toque solo que el público entusiasmado premió con enfervorizados aplausos. Paco de Lucena [2] es considerado como un revolucionario de la guitarra flamenca, que introdujo en el toque flamenco arpegios, picados y trémolos, y compuso versiones de la caña y el toque de la rosa. Su discípulo continuador fue Ramón Montoya y en la línea de su toque se inscribe también Diego del Gastor.
Hay publicaciones que afirman que fue marido de Dolores la Parrala, a la que acompañó en muchas ocasiones y también en París en 1880; otras afirman que lo fue de Trini la Parrala. Pero esto de los casamientos no es un asunto claro. Probablemente, fueron relaciones sentimentales, sin vínculo legal, las que Paco mantuvo con las dos hermanas. En el capítulo que Núñez de Prado dedica a Dolores la Parrala en Cantaores andaluces, en el que abundan los temas personales, no aparecen referencias relacionables con el guitarrista. Y en su certificado de defunción aparece Eusebia Olmedo Díaz como su viuda, indicando que el matrimonio no tuvo descendencia. Paco murió de tuberculosis, una enfermedad infecciosa muy frecuente y sin cura entonces, contagiada en los ambientes cerrados de los cafés cantantes, de la que murieron muchos artistas.
Julián Arcas
Uno de los guitarristas más célebres de mediados del siglo XIX fue el almeriense Julián Arcas [3], reconocido compositor y concertista, que ejecutaba partituras muy diversas: desde piezas clásicas hasta músicas populares extranjeras y, principalmente, los aires populares andaluces, que tanto gustaban en la España de los años 60 y 70 del siglo XIX.
Deleitaba a los públicos con la jota, boleras, canciones regionales y el fandango, del que interpretaba variaciones en cada concierto. Además de virtuoso, sabía conquistar a los oyentes tocándoles lo que les gustaba. He aquí el programa de uno de sus conciertos en Granada [4].
Los ambientes habían cambiado. El flamenco tenía ahora como seguidores a muchas personas cultivadas amantes del nuevo arte y a visitantes románticos extranjeros interesados en conocerlo. A mediados del siglo XIX, el fandango ya no ejercía de imitador de aquellas zarabandas procaces y lujuriosas que escandalizaban al más desprejuiciado; las personas distinguidas permanecían en las fiestas donde imperaba el orden, como esta de Mallorca [5].
El cante flamenco a mediados del siglo
En los años 50 al 70 del siglo XIX se produce un hecho fundamental para el cante flamenco, y es que pasó de ser cantado en la intimidad de las fiestas familiares y de amigos a ser expuesto en locales públicos: el flamenco comenzó su profesionalización, que se consolidaría definitivamente con los cafés cantantes a partir, sobre todo, de la iniciativa empresarial de Silverio Franconetti. Cante y baile se exhibían en los escenarios por dinero. Y también la guitarra, que se convirtió en la acompañante imprescindible, y los tocaores considerados como figuras reconocidas. Ese paso fundamental se generó al tiempo que se consolidaban las seguiriyas, soleares, tonás y otros estilos. Fue el inicio del periodo que se conocerá a posteriori como “la edad de oro del flamenco”. Veamos como ejemplo lo que ofrecía un “concierto andaluz” celebrado en el teatro Lope de Vega: “se bailarán sevillanas por parejas,acompañadas de canto y toque; polo, soledad, malagueñas acompañadas de guitarra y cante, caña, seguidillas serranas, panaderos, tonadas labianas (sic), caleseras y tango habanero”, anunciaba el Diario de Avisos.
(Continuará).
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