El origen quizás árabe del fandango
Historias del fandango
El origen del fandango se desconoce y en su recorrido ha experimentado muchas variaciones a lo largo del tiempo y del lugar desde donde llegó
De Valverde, el fandanguillo
Esta es una de las hipótesis que parecen más consistentes y que con más frecuencia aventuraron autores del siglo XIX, si bien estudios más recientes lo sitúan en el Caribe. Veamos ahora la del granadino Pedro Antonio de Alarcón (1833-1891) [1], un escritor adscrito al realismo literario, que lo situaba en África. En un artículo titulado precisamente así, El fandango, Alarcón describe una visita imaginaria a la Alhambra y un encuentro con el último zegrí, Aben-Adul, quien le confiesa “Sí; yo soy africano. Nos dijísteis ‘sois africanos’ ¡cuando llevábamos siete siglos viviendo en España!”.
El relato prosigue y el trovador le cuenta, melancólico: “Era aquel aire monótono [de la música árabe]… era el fandango, la caña, era la rondeña, era todo al mismo tiempo”. Y remata Alarcón afirmando: “Yo de mí puedo deciros que ni en los cantos populares de otras naciones… he encontrado el fondo de pasión y dulzura que existe en ese ‘ay’ mil veces repetido sobre el que gira el fandango… ese canto berberisco, esa guitarra, ese vago concepto de la copla, esa memoria perdida de los árabes”. Con su visión romántica, el escritor atribuye también a otras músicas populares de España la procedencia africana [2].
En todo caso, es Alarcón uno más de tantos que considera al fandango como un canto árabe de los tiempos de la dominación andalusí.
Suenan fandangos
Al margen de que el fandango continuara siendo un baile popular a finales de la década de los años 50 del siglo XIX, es claro que se cantaba, que estaba transitando ya por la senda estética de lo flamenco. El popular escritor sevillano de novelas por entregas Manuel Fernández y González (1821-1888) [3] describió en uno de sus relatos un cuadro muy descriptivo. [4].
Como buen andaluz, criado en Sevilla y estudiado en la Universidad de Granada, Fernández y González llevaba con frecuencia a su literatura costumbrista a personajes y situaciones de la sociedad en la que vivía.
Además de la descripción de un pasaje que los protagonistas del cuento viven en plena naturaleza, el relato nos aporta la perdurabilidad de las letras flamencas, porque con ligeras variaciones la de ese fandango se ha seguido cantando hasta tiempos recientes.
En otro relato de ambiente militar, describe en primera persona el comportamiento, lejos de su tierra, de un oficial del ejército que manda alto a la tropa para escuchar los sonidos de una fiesta cercana, donde “una mano incansable rasgueaba sobre una mala guitarra un monótono fandango”. Canta una mujer joven y al militar le invade la nostalgia. [5].
En la Guerra de África
El año 1859 se declaró la conocida como Guerra de África o guerra hispano-marroquí, decidida por el general O’Donnell, harto ya el gobierno del comportamiento de los marroquíes. Los rifeños hostigaban periódicamente a las ciudades de Ceuta y Melilla en acciones rápidas que el ejército español no podía reprimir porque, desde hacía un par de décadas, los moros ponían emboscadas y no se les podía perseguir cuando se internaban rápidamente en su territorio. Esta guerra duró dos años y la ganó España.
En el diario de campaña de un batallón se cuenta cómo los soldados, aburridos mientras aguardaban que atacaran los moros, después de tres días de espera para entrar en combate, optaron por divertirse. ¿Cómo hacer más llevadera la tensa espera? Con la música. [6].
Corrían tiempos de mucha politización y agitación social. En 1856 se vivió una contrarrevolución; etapa de conflictividad y revueltas, con motines en Castilla y Valencia y huelgas en Cataluña. Izquierdas contra derechas, como casi siempre. Un ejemplo: los jóvenes de Loja rivalizaban cantando coplas políticas por la llegada de Narváez al gobierno. Cantaban por los géneros populares que estaban de moda: el fandango y el bolero. [7].
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