'Portobello', el Arny italiano, cuando la camorra acusó falsamente a una estrella de la RAI
HBO estrena su primera ficción italiana. También se puede ver en Movistar Plus +
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Entre los años 60 y 80 Enzo Tortora reinaba en la pujante televisión italiana pero una acusación mafiosa lo llevó a prisión. Cuatro décadas después el cineasta Marco Bellocchio traza aquella inquietante parábola en su nueva serie, Portobello (el nombre del programa que tenía el protagonista), para recordar la injusticia que cambió a todo un país y derrumbó de manera inopinada la trayectoria impecable de un comunicador de masas.
“La serie no responde a batallas civiles. Me impactan las primeras imágenes y, en este caso, recuerdo a aquel hombre saliendo esposado y sorprendido de comisaría. Me impresionó cómo se preguntaba por qué estaba ahí”, afirma el realizador.
Es la primera ficción de HBOItalia. La serie Portobello, ya anunciada en el último Festival de Venecia y disponible en la plataforma HBO Max (también disponible en Movistar Plus +) desde este viernes, era el nombre del espacio televisivo con el que Tortora cautivó a millones de italianos entre 1977 y 1983, proponiendo un reto a sus invitados: hacer hablar a su mascota, el loro más famoso de la televisión.
En 1982 el presentador se encontraba en la cima de su popularidad: su emisión acaparaba la atención de 28 millones de espectadores, el presidente de la República llegaba incluso a condecorarle, pero, sin saberlo, una oscura sombra empezaba a cubrir su destino, una acusación infundada que le destrozaría por completo.
Un año después, Tortora era arrestado, encarcelado y juzgado por los delitos de pertenencia a asociación mafiosa y tráfico de drogas a raíz de las acusaciones de varios arrepentidos del hampa Nueva Camorra Organizada, que habían empezado a colaborar con la justicia y le señalaron de manera inesperada e inexplicable. Un caso que recuerda a lo ocurrido en nuestro país, en Sevilla, con el caso Arny y las falsas imputaciones a famosos.
Con la acusación da así inicio una bajada a los infiernos que llevarán a aquel popular rostro de la televisión italiana del olimpo del éxito al ostracismo, la ruina y los prejuicios de gran parte de la sociedad que ya renegaba de él por lo que parecía verdad.
Bellocchio, veterano maestro de las tinieblas italianas, ha decidido convertir esta parábola en su segunda serie, después de la que ya rodó sobre el secuestro y asesinato del líder democristiano Aldo Moro por las Brigadas Rojas, Esterno notte (2022). Con este trepidante noir con aires de J’Accuse, el cineasta retrata el convulso mundo que rodeó la acusación injusta contra Tortora: una Italia católica, sacudida por la corrupción y las bombas de los años de plomo, en la que demasiados empresarios empezaban a desafiar el monopolio televisivo del Estado y donde muchos poderes no perdonaban la voz laica y liberal del acusado.
El actor Fabrizio Cifuni, que da vida a Tortora ante las cámaras de Bellocchio, como ya hiciera con Aldo Moro, explicó en rueda de prensa que el primer objetivo era “devolver la complejidad de un ser humano” pero también mostrar su batalla personal y profesional. “Se batía solo contra el final del monopolio de la RAI y eso no gustaba a muchos. No pertenecía a la masonería. Era un espíritu laico en un país católico. Esto no explica la caída pero sí que una parte del país estaba ya preparada para darle la espalda”, sostuvo.
La serie, una “película de terror realista” para su autor, también muestra los dos rostros de un hombre en apuros: desde el frenesí del éxito hasta el abandono en una sala de un tribunal, ante unos jueces casi más pendientes de lo que la opinión pública esperaba de ellos.
Tortora, ya convertido en un ecce homo mediático y social por una acusación infundada, llegó a ser condenado a 10 años de cárcel, que acató rechazando la inmunidad que le había brindado el Partido Radical al hacerle europarlamentario.
Tras más de 200 días en prisión domiciliaria y otros siete en una cárcel, el presentador fue finalmente absuelto.
En 1987, un año antes de morir, regresaba a la televisión y se dirigía, visiblemente emocionado al público que aún le esperaba: “Bueno, ¿dónde nos habíamos quedado?”
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