Rocío del Mar Gómez Barreiro: Empresaria de moda ejemplar

Gente de aquí y de allá

Estudió en el Colegio Enebral y después se fue a Huelva, pero desde jovencita tenía alma de empresaria y en cuanto pudo se instaló en el primer tramo de la calle Ancha

Rocío del Mar Gómez Barreiro. / M.G.

- Miembro de la Academia Iberoamericana de La Rábida

Huelva, 03 de noviembre 2025 - 05:00

Vaya nombre bonito que tiene la mujer de mi amigo Manolo de La Corte. A ella la conocí después que, a él, pero sí conocía su comercio en la calle Ancha de Punta Umbría. A Manolo lo conocía porque ambos formamos parte de la panda que todas las tardes nos reunimos en una cafetería a tomar café y que dio comienzo en la Librería La Parada de nuestro gran amigo Juan González.

Poco a poco, con el tiempo, la conocí a ella y, desde entonces, tenemos una buena amistad, al igual que con su marido y sus padres, que también frecuentan el cafelito de las tardes.

Ella nació en Huelva en el mes de las flores del año 1978, hija de Hermenegildo Gómez, que por cierto jugaba muy bien al fútbol. Tanto es así que lo conocían aquí en el pueblo como “Molowny”, aquel célebre futbolista canario que jugó en el Real Madrid. Su madre Juani, la querida suegra de mi amigo Manolo, vino a Punta Umbría de la tierra minera de Tharsis y aquí formaron su familia, con tres hijos: Rocío del Mar, Hermes y Juanfran.

Rocío tuvo una infancia muy feliz y recuerda con mucho cariño cuando de pequeña jugaba con sus amigas en la Plaza de los Poetas Andaluces; o cuando iba al patio de la casa de sus abuelos, en la calle Delfín, a jugar con sus primos; o cuando por las mañanas los llevaban a todos en tromba a la playa y por la tarde, a la hora del paseo, se iba toda la familia a al muelle a esperar el barco de su padre que venía de la pesca de la caballa. Eran momentos inolvidables que Rocío del Mar guarda en su memoria. Pero ella iba también a pasar temporadas a Tharsis, a casa de su abuela materna, y allí su tío Simón paseaba en su coche a todos los sobrinos por los alrededores del pueblo y les enseñaba paisajes mineros que difícilmente los iban a ver en otros lugares como la Corta Filón Norte o la Corta del Cobre Sierra Bullones, el puente cascabelero, el Lagunazo, los Aromos, el cementerio inglés donde está enterrada la señorita Gray, de tan bonito y grato recuerdo en el pueblo. Ya aprovecho para recomendarle al amable lector que no conozca Tharsis, que se dé una vueltecita y pasee por él y, sobre todo, que no deje de visitar el Museo Minero, que es pequeñito pero muy bonito y recoleto.

Estudió en el Colegio Enebral y después se fue a Huelva, pero desde jovencita tenía alma de empresaria y en cuanto pudo se instaló en el primer tramo de la calle Ancha. Su escaparate siempre me llamaba mucho la atención porque tenía un maniquí de gran tamaño y yo me decía a mí mismo: “¡Hombre!, Por fin hay alguien que piensa en las personas de talla grande. Luego se cambió de emplazamiento, adentrándose algo más en la calle más comercial de Punta Umbría.

Rocío del Mar es una auténtica mujer emprendedora y como ella debería de haber más. Se sorprendió mucho cuando le propuse hacerle esta breve semblanza y me dijo que ella no era nada más que una persona que tenía un modo de vida, pero yo le rebatí diciéndole que no, que personas como ella son las que hacen “pueblo”. A mí me gusta ver mientras tomo café cómo no para de entrar gente a su tienda. Y todas esas personas cuando vuelven a Punta Umbría, vuelven a su tienda que, dicho sea de paso, se llama Roxana y ella me cuenta que se lo pasa muy bien charlando con las clientas, ya sean del pueblo o de fuera, pues se ríen y se divierten, a la vez que hacen sus compras.

En definitiva, que ser agradable con la clientela, igual que el que pone bien de comer en su restaurante, es una forma de trabajar por Punta Umbría y por eso traigo hoy a estas páginas a esta empresaria ejemplar.

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