¿Qué pasaría en Alájar si lloviera como en Grazalema? La explicación de Manuel Olías, experto de la Universidad de Huelva
El catedrático de Hidrogeología, Manuel Olías, analiza el impacto de un año "muy húmedo" en la Sierra y explica por qué la estructura geológica de la Peña de Arias Montano, formada por travertinos, actúa como un drenaje natural que protege la zona de desastres frente a grandes borrascas
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Las intensas borrascas que han marcado el comienzo de año en Huelva han vuelto a poner el foco en la respuesta de los sistemas hídricos en la provincia. Con Grazalema ostentando su título como uno de los puntos más lluviosos del país, surge la pregunta inevitable: ¿Qué pasaría si la cantidad de agua que ha caído allí cayera en zonas como la Peña de Arias Montano? El pasado 5 de febrero, Huelva Información se hacía eco de los estragos causados por la borrasca Leonardo en la comarca serrana. Uno de los focos de mayor inquietud fue la emblemática fuente situada junto a la Peña de Arias Montano, pieza clave del paisaje cultural de Alájar. Las abundantes precipitaciones hicieron que el agua brotara con tal virulencia del manantial que la estructura terminó por "reventar", cediendo en varios puntos ante la presión del caudal.
Manuel Olías, catedrático de Hidrogeología de la Universidad de Huelva, analiza los efectos de un año que califica como "muy húmedo", aunque, asegura, nada comparable con lo ocurrido en Grazalema. Mientras que en la Sierra de Aracena han caído entre enero y febrero unos 600 milímetros, en Grazalema se alcanzaron los 2.000 milímetros (2.000 litros por metro cuadrado). "En esa zona siempre llueve más, es la zona más lluviosa de España", recuerda el experto.
Sin embargo, pese a la diferencia con el municipio gaditano, reconoce que en la sierra onubense los manantiales han experimentado un crecimiento notable en sus caudales. Olías destaca la aparición de nuevos manantiales ocasionales denominados trop-pleins (del francés, "demasiado lleno"). "Cuando la recarga del acuífero es tanta que los manantiales habituales no pueden desaguarlas, los niveles suben y se ponen en marcha nuevos conductos que habitualmente están secos", explica. Este fenómeno permite que emane agua por puntos que, en ocasiones, "solo funcionan cada veinte o cincuenta años".
Esta recarga intensa se produce en los acuíferos kársticos, formados por la disolución de rocas carbonatadas como la caliza o el mármol. En la Peña de Arias Montano, esto se ha traducido en imágenes espectaculares de agua "saliendo por todas las paredes, por la zona de debajo de la ermita", y fuentes que habitualmente son discretas luciendo caudales inusuales.
Diferencias geológicas con Grazalema
La razón por la que Alájar no sufre las inundaciones que han afectado a Grazalema reside en la escala. "Nuestros acuíferos son mucho más pequeñitos, de dimensiones relativamente reducidas", señala Olías. En Grazalema, la superficie kárstica es mucho mayor, lo que provoca inundaciones "desde abajo" al subir el nivel freático.
En Huelva, los efectos negativos han sido mínimos. El catedrático apunta únicamente a problemas leves de turbidez en los pozos de abastecimiento urbano, un proceso habitual en épocas de lluvia fuerte cuando el agua "arrastra más peso y tensión", pero recalca que no se han producido daños de gravedad.
Ante el escenario hipotético de que cayera el doble de agua en la zona, Olías se muestra tranquilo. Lo califica como "muy poco probable" y aclara que "en la zona de la Peña no hay viviendas". El pueblo de Alájar se asienta sobre materiales impermeables que no son acuíferos, por lo que el riesgo principal sería el desbordamiento de arroyos de agua superficial, no la subida del nivel freático.
En cuanto al patrimonio, tampoco se vería dañado. Expica que la Ermita de la Reina de los Ángeles cuenta con una protección natural gracias a su ubicación sobre una mesa travertínica. Los travertinos son rocas muy permeables formadas por la precipitación del carbonato cálcico. "Saldría agua por las cuevas situadas debajo, pero el agua no afloraría en la zona donde está la ermita", asegura el hidrogeólogo.
Respecto a las cuevas, que este mes de marzo reabren al público, podrían sufrir "algún colapso de pequeñas dimensiones", pero nada grave, especialmente porque en tales condiciones climáticas lo primero que se hace es desalojar a las personas que pudieran estar en la zona. De hecho, muchas de estas cavidades actuarían simplemente como canales de salida para el agua subterránea.
Aprovechando la reapertura al público este mes (declaradas Monumento Nacional en abril de 2010), Manuel Olías subraya la singularidad de las cuevas de Alájar. A diferencia de la Gruta de las Maravillas de Aracena, que se desarrolla en mármoles, las de Alájar lo hacen en travertinos. Esta roca se forma cuando el carbonato cálcico del agua subterránea precipita alrededor de la vegetación, la cual termina pudriéndose y dejando una estructura "muy porosa y permeable".
Este detalle las convierte en cavidades "relativamente raras e interesantes", que suman a su evidente interés geológico un valor histórico y arqueológico de primer nivel, recordando que figuras como Arias Montano ya las visitaron en el siglo XVI.
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