El liderazgo que se nota cuando no estás
Liderazgo Inteligente
Muchas veces, el bienestar laboral se está cargando sobre quien lidera como contenedor emocional permanente, y eso no es sostenible ni para la persona ni para la organización
Comencemos con una certeza: el verdadero bienestar llega cuando el equipo deja de depender emocionalmente de quien les lidera. Venga, lo digo de otra forma: liderar bien ya no va de estar más, sino de saber retirarte a tiempo. Es una evolución necesaria del liderazgo para evitar equipos dependientes, culturas organizativas poco adultas - aunque tengan buen clima-, y agotamiento emocional de quienes lideran.
Hay una idea todavía demasiado instalada en el imaginario del “buen liderazgo” que conviene empezar a cuestionar. Es la del líder siempre disponible, siempre presente, siempre resolviendo. Esa persona que responde a todo, con su puerta siempre abierta, que regula los estados de ánimo del equipo y, de paso, apaga fuegos emocionales cada vez que se requiere.
Quizás el problema haya sido que, durante mucho tiempo, se ha interpretado eso como compromiso, cercanía o liderazgo humano. Pero hoy el liderazgo debe madurar, y quien lidera debe tomar conciencia de cuándo su presencia deja de ayudar.
Cuidar la autonomía es un arte muy rentable
Que las personas del equipo se sientan autónomas y competentes son factores de motivación y productividad de primer orden. Y eso no puede darse si todo pasa por ti. Por eso, el liderazgo que está emergiendo, que es además perfecto para gestionar la incertidumbre de los tiempos que corren, para aprovechar el talento senior que se nos escapa y para convivir con la todopoderosa IA, es el liderazgo que se nota cuando no estás. Es, además, la mejor prueba de que has hecho bien tu trabajo antes.
Liderar sin presencia implica que las decisiones avanzan sin pedir permiso constante. Los conflictos se abordan sin llamar a papá o mamá. La gente se responsabiliza de lo que le toca sin dramatismo. Y la calma no depende de tu presencia física o emocional.
No, no es que te desentiendas
Importante aclarar, por si alguien se despista, que no estoy hablando de desentenderte; ni de soltar las tareas sin adiestrar ni acompañar; ni de esconderte cuando llegan las curvas o desaparecer cuando la cosa se pone tensa. No. El liderazgo que se nota cuando no estás no tiene por qué se frio o distante, lo que sí es mucho más humilde, menos protagonista y más generador de contexto.
Cuatro microclaves para empezar a practicarlo
Deja de responder lo primero. Cuando te pregunten “¿qué hacemos?”, prueba con: “¿Qué haríais vosotros?”. Y aguanta el silencio. Sé paciente. No para poner a prueba, sino para ceder espacio real.
No regules todas las emociones. No todo malestar necesita intervención. A veces, acompañar es no dramatizar. Si siempre calmas tú, el equipo nunca aprenderá a autorregularse.
Define el para qué, no el cómo. Explica el marco, los límites y los criterios. El cómo no siempre te corresponde a ti, aunque te creas que sabes más que nadie. La autonomía empieza ahí. Por eso hablaba de humildad.
Celebra cuando no te necesitan y cuida tu autoestima. Sí, aunque suene raro. Si el equipo resuelve sin ti, no te sientas desplazado o desplazada Estás llevando tu liderazgo al siguiente nivel de impacto.
En gran medida, liderar hoy es ir estorbando cada vez menos. Porque no se trata de ser imprescindible. Procura mejor ser útil para que otras personas lideren mejor que tú. Y mientras tanto, no necesites tú demostrar constantemente que lideras.
Paradójicamente, cuando llegas ahí, pasa algo curioso: tu liderazgo se nota más que nunca… justo cuando no estás.
Temas relacionados
No hay comentarios