'Los juegos de Pipo', el recuerdo imborrable de Jose

Jose se ha marchado, pero nunca se irá de nuestro lado. Nos deja un vacío inmenso: el de no volver a cruzar una sonrisa al encontrarnos en la calle ni escuchar esa voz que siempre te llamaba para saludarte entre risas, tal y como nos tenía acostumbrados.

La vida es paradójica. Mucho. Te has ido en un tren, el lugar donde viviste tus días yendo y viniendo, sumando kilómetros con el único deseo de llegar a casa para reencontrarte con los tuyos.

No te vamos a olvidar nunca, como tampoco olvidaremos ese 18 de enero en el que tantas vidas se vieron truncadas. La vida ha querido que te marches antes de tiempo, mucho antes de lo que todos deseábamos, pero dejas atrás una familia fuerte, luchadora y cargada de amor.

Tus hijas, tu mujer y toda tu familia están tremendamente orgullosas de ti. Lo diste todo por ellas; fuiste capaz hasta de alquilar un toro mecánico para los 30 años de tu querida Rocío. Nadie se quedó sin montar. Allí estabas tú, entre risas, convenciéndonos a cada uno para que nos subiéramos. Te desvivías por todas las personas que te rodeaban. Qué injusto. Esta será una de las tantas anécdotas que recordaremos siempre. No te imaginas las veces que te nombramos ni el cariño con el que lo hacemos, del mismo modo que tú hiciste siempre con mi abuelo, con Juan, el de los chicles.

¿Cuántas mañanas me recogiste para ir al colegio o descolgaste el telefonillo para decir: “Rocío ya va para abajo”? Cuántas. O aquellas veces que nos llamábamos al fijo para preguntarnos los deberes; cuando nos grababas los CD con los Juegos de Pipo o la enciclopedia Encarta que… jamás leímos; o también cuando nos montaste en el coche para ver la salida de Huelva. De aquel coche nunca dejó de salir gente.

Siempre estarás presente en mi familia y en toda la gente que te quería, porque devolvías una sonrisa a cada gesto y a cada palabra que te dedicábamos.

La familia del Reyes Católicos, aquella que forjamos hace ya casi 30 años, te recordará siempre. Siempre estaremos con Rocío, aquella niña inocente, que bailaba flamenco y hacía natación, y me acompañaba casi todas las tardes, ya fuera para merendar y jugar o, más tarde, para estudiar como excusa para estar juntas. Estaremos con Laura, a la que vimos nacer y que ha crecido como una más entre nosotros, igual que su amiga Ana. Eran dos más de la pandilla. Y, por supuesto, con Luisa, a la que tus hijas van a cuidar para que siga soltando carcajadas, que con seguridad vas a seguir escuchando.

Descansa en paz, Jose.

stats