Huelva

La industria reivindica su relevancia aunque admite su margen de mejora

  • Una conferencia del catedrático Pedro J. Pérez expone lo cotidiano del contacto con la química

  • El presidente de la Aiqbe, Carlos Ortiz, recuerda la generación de riqueza de las plantas de Huelva

Carlos Ortiz y Pedro J. Pérez en la mesa redonda que cerró el Día de la Industria. Carlos Ortiz y Pedro J. Pérez en la mesa redonda que cerró el Día de la Industria.

Carlos Ortiz y Pedro J. Pérez en la mesa redonda que cerró el Día de la Industria. / Alberto Domínguez (Huelva)

La industria vuelve a reclamar su lugar en lo cotidiano, en la vida de todos los días. Al margen de lo que supone para la economía de una provincia que depende en buena parte de lo que sea capaz de lograr en cuanto a generación de riqueza y empleo, ayer fue el día de reconocer lo mucho que tiene que ver con aquello que tenemos más cercano, desde un analgésico para calmar los dolores, a procesos que permiten potabilizar el agua, pasando por los avances que han permitido conservar los alimentos, aspectos todos ellos que han conseguido que la esperanza de vida se multiplique en las últimas décadas. La conferencia de Pedro J. Pérez, catedrático de Química Inorgánica de la Universidad de Huelva tuvo, según sus propias palabras “el reto de superar lo que el año pasado en el mismo escenario, lograra Manuel Toharia, el hombre del tiempo de varias generaciones de españoles”. A pesar de que sus vaticinios no parecían demasiado halagüeños, su modestia no impidió que lo consiguiera de lejos.

Su conferencia fue presentada por Carlos Ortiz, recién nombrado presidente de la Asociación de Industrias Químicas, Básicas y Energéticas (Aiqbe) de Huelva, en su segundo acto oficial desde que accediera a la representación de las 15 plantas del Polo Químico (el primero fue para anunciar su misma celebración). Su pretensión, la misma que anunció en su momento y la que planeó a lo largo de todo el acto: “dar continuidad a la divulgación de la importancia de la industria química, no sólo como generadora de un empleo de calidad, sino como algo que forma parte de la vida diaria”.Para el responsable de la industria en la provincia “la mala imagen que tiene la industria, o algunos aspectos de ella, se supera todos los días, al ver que no llegan esos desastres que nos anuncian a diario algunos”.

Pedro J. Pérez durante su conferencia. Pedro J. Pérez durante su conferencia.

Pedro J. Pérez durante su conferencia. / Alberto Domínguez (Huelva)

Ese fue precisamente el eje del que partió la conferencia de Pedro J. Pérez; cómo desde el antiguo Egipto “cuando descubrieron que hirviendo la corteza del sauce se calmaban los dolores”, hasta la síntesis de la aspirina como el analgésico más consumido de todos, “hay procesos químicos que forman parte de nuestra vida diaria y que no seríamos capaces de concebir ésta sin ellos, desde los teléfonos móviles, hasta el cloro que utilizamos para potabilizar el agua que consumimos a diario”.

Su exposición tuvo momentos que dejaron al auditorio de la Facultad de Derecho de la Universidad de Huelva con la incertidumbre de cuestionarse a sí mismo actitudes que hacemos a diario.Valga como ejemplo cuando detalló las características del conservante R-178, “presente en algunos tumores, causante de enfermedades si se ingiere mezclado con otras sustancias, empleado como instrumento de tortura e incluso generador de guerra entre países.Ese conservante es el agua”. También cuando detalló la composición química de algunos productos que “a buen seguro jamás tomaríamos” para descubrir posteriormente que hablaba de una manzana y un huevo.

El catedrático intentó desmontar con ello, la denominada quimiofobia, que tiene, a su juicio, “aspectos que distorsionan la realidad en la que vivimos”, por ejemplo, cuando “se contrapone lo natural frente a lo químico, olvidando, por ejemplo que el caucho sintético se consume cada vez más y nadie protesta porque las ruedas de su coche no son de caucho natural; además sería imposible porque necesitaríamos medio planeta para plantar los árboles necesarios para poder suministrar los que son imprescindibles para nuestros vehículos”.

Carlos Ortiz, presidente de la Aiqbe. Carlos Ortiz, presidente de la Aiqbe.

Carlos Ortiz, presidente de la Aiqbe. / Alberto Domínguez (Huelva)

No obstante, tampoco quiso huir de los márgenes de mejora que tiene la industria química, especialmente en lo que se refiere a la “generación de residuos, de contaminantes, reducción del consumo energético y el desarrollo del reciclaje”. Tampoco quiso escapar de la responsabilidad “que tenemos todos como usuarios en la solución de este tipo de problemas, a través de un uso racional y de mejorar las prácticas en el tratamiento de residuos”.

El catedrático de la UHU, expuso los “doce mandamientos de la química sostenible” que pasan por conseguir procesos que supongan menos riesgos”. Valga otro ejemplo: “el cloro que utilizamos para potabilizar el agua, es un gas tóxico a temperatura ambiente; en España se fabricaba mediante la utilización de plantas con mercurio; se descubrió un método más respetuoso, limpio pero más caro. La legislación cambió y desde el 2017 se prohibe la utilización del primero de ellos, por lo que las plantas tuvieron que readaptarse o cerrar, como hicieron muchas de ellas”.

Pérez tampoco huyó de las implicaciones que tiene una industria con malas prácticas, que genera, “como hemos visto últimamente, ese mar de plástico en algunas zonas de los océanos y que es un asunto que tiene que estar sobre la mesa”. Por último, expuso su convencimiento de que “el hacer un uso más racional de lo que consumimos, permitirá basar el crecimiento de la industria bajo tres parámetros: el primero la necesidad que tenemos de la química para nuestra vida diaria; después el conocimiento de cómo nos afecta y la mejora en los procesos de producción de la misma”.

En la mesa redonda organizada para clausurar el acto y que estuvo moderada por el periodista Rafa López, Carlos Ortiz insistió en que “muchas de las críticas que se vierten sobre la industria provienen de datos que, con el paso del tiempo, se demuestra que son falsos. Se crean pronósticos catastróficos y se demuestra que no tenían ninguna razón de ser y que la industria puede convivir perfectamente con un ecosistema como Marismas del Odiel”. La necesidad de estar informados “de lo que hacemos, es importantísima y conseguimos que cada vez haya menos gente que se crea esos pronósticos; el desconocimiento, es el principal problema que tiene la industria química”.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios