Crónica urbana

Mora Claros, leyenda y deconstrucción

  • Por segunda vez en la 'era Pedro Rodríguez' se le saca brillo al monumento del alcalde que, a cuenta de su bolsillo, abasteció a la ciudad de alumbrado eléctrico, creó el servicio de Bomberos y el Teatro Mora

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CUENTAN que todo lo que tocaba este patricio se convertía en oro. Que cuando Huelva olía a dama de noche y a salitre, convivían las luces de gas con el primer suministro que llegó de la mano de la Fábrica de Electricidad San José y San Antonio, que Mora Claros fundó junto a la carretera de Gibraleón a principios del siglo XX. Por el historiador Martínez Navarro sabemos que, allá por 1919, estando las arcas municipales vacías, esta central abasteció gratis a toda la ciudad. Ese año, el regidor que pasó a la Historia como benefector, cambió el alumbrado de gas por el de electricidad y lo pagó de su propio bolsillo, además de crear un servicio de Bomberos.

Por segunda vez desde que tiene la batuta del Ayuntamiento Pedro Rodríguez (PP), van a dar nuevo lustre al busto en memoria de Mora Claros, modelo de ciudadanos -reza la placa-, que lleva en la calle Puerto desde 1925 y que, en tiempos republicanos, desapareció del mapa para luego volver (ojalá tuviera la misma suerte el candelabro de la calle Concepción).

Los fondos anticrisis del Proteja -con la financiación de la Junta- sirven ahora a la Gerencia de Urbanismo para acometer en los próximos meses una ampliación y remodelación de la plaza Mora Claros y una rehabilitación del monumento que rinde homenaje a un alcalde casi fugaz (su mandato sólo abarcó de 1920 a 1922, hasta su muerte), pero que extremadamente influyente y polifacético. Veló por el progreso y la cultura y alcanzó una celebridad sin precedentes, compartida con su esposa Pepita Jiménez, que por sus obras sociales fue nombrada Condesa por el Papa.

Curriculum vertiginoso el del alcalde que se hizo construir un palacete como residencia familiar en la calle Botica: Consejero del Banco de España, Licenciado en Derecho, diputado a Cortes, fundador del Diario Huelva y del Teatro Mora (en la calle Gravina, asomando a la Avenida de Italia, hasta que sucumbió a la piqueta en 1968), presidente de la Diputación Provincial, director del Hospital Provincial, etcétera, etcétera.

A su muerte se encargó el busto -obra de Diego García Carreras- y la escultura de bronce presidió el que pese a la degradación sigue siendo uno de los rincones más hermosos de la ciudad, donde antes hubo una fuente.

Con la reforma en ciernes, el Ayuntamiento pretende poner en valor la riqueza patrimonial que rodea a este figura, embrión de la vida consistorial que nació en el camino entre la zona baja portuaria y la cuesta hasta el Castillo de los Duques de Medina Sidonia en el cabezo de San Pedro.

Un entorno monumental -con los hitos del Palacio de Mora Claros y la actual sede del Colegio Oficial de Arquitectos- que se fue gestando en Huelva cuando el desarrollo de la minería forjó una clase burguesa acomodada a finales del siglo XX. La calle Puerto fue antaño la principal arteria institucional, presidida por el desaparecido Ayuntamiento, que se hallaba donde hoy se encuentra el pasaje comercial Manuel Machado (mirada atrás espeluznante, pensando en las posibilidades que habría tenido aquel señorial edificio), que desempeñó sus funciones hasta que en los años cuarenta se construyó el actual Consistorio en la Gran Vía, ensanche que comunicó la Plaza de Las Monjas con la Casa Colón y el Barrio Obrero.

El actual Centro de Día de Mayores, el Palacio de Mora Claros, fue también sede de decisiones políticas de primer nivel. Lo diseñó Moisés Serrano y Mora en 1912 y siete años después lo reformó Pérez Carasa, dándole el repunte de palacete. Durante 20 años perteneció a Antonio Mora Claros. En 1968, el edificio resultó seriamente dañado por el terremoto, acogió luego el Hogar del Pensionista y en 1997 lo restauró Carlos Barranco Fernández de la Maza, que lo amplió para su uso actual.

El otro hito de la plaza, la sede del Colegio de Arquitectos -a nuestro juicio, una de las joyas patrimoniales más valiosas de la ciudad- fue diseñado por Gonzalo Aguado y Pérez Carasa en 1916, acogiendo la vivienda familiar del entonces alcalde Quintero Báez. Pronto se conocería como la 'Casa del Millón' porque, según las crónicas populares, fue lo que costó el suntuoso edificio de arquitectura ecléctica, donde el modernismo se combina con la estética del Segundo Imperio Francés.

Seguimos, en definitiva, remando a favor de los anclajes. Los pocos que puedan quedar, los pocos que antepongan su leyenda.

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