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La ley y el orden tienen rostro de mujer en Huelva

  • Cinco funcionarias de la Justicia y las Fuerzas de Seguridad analizan su experiencia profesional en áreas que en otros tiempos fueron masculinas

Isidora Solís, Marina Méndez, Santos Repiso, Susana Caballero y María Molina.. Isidora Solís, Marina Méndez, Santos Repiso, Susana Caballero y María Molina..

Isidora Solís, Marina Méndez, Santos Repiso, Susana Caballero y María Molina.. / H.I.

Mucho ha llovido desde aquel 8 de marzo de 1857 en que empleadas del gremio textil neoyorquinas se echaron a la calle para reivindicar jornadas de trabajo más razonables y dignas o el fin del empleo infantil. La realidad actual en países como el nuestro dista mucho de aquella coyuntura, pero en nuestra geografía la desigualdad todavía campa a sus anchas en incontables sectores. La brecha de género en salarios y pensiones o la asunción de las labores domésticas y del cuidado familiar sigue atrofiando el tejido social, desfavoreciendo a las mujeres.

Entre los funcionarios el impacto de esta desigualdad es más laxo, pero los rostros femeninos de la ley y el orden en Huelva tienen mucho que decir sobre su aportación a su ámbito profesional y sobre la evolución del trabajo en dos áreas tradicionalmente copadas por los hombres.

Isidora Solís. Teniente fiscal de Huelva

Se inició en la carrera fiscal en octubre de 1982 y arribó a Huelva en 1983. "Cuando yo llegué aquí no había ninguna mujer, éramos tres en Huelva más dos fiscales de distrito. Ahora somos 29 en Fiscalía: 17 mujeres y 12 hombres, somos mayoría". En aquella época el fiscal jefe era Jesús Ríos y el teniente fiscal, Francisco Ontiveros. "Creo que vieron el cielo abierto porque me adjudicaron directamente todos los temas de violaciones y abusos sexuales que había, celebré juicios por estos temas lo más grande, porque ya entonces existían aunque parezca que ahora son más frecuentes".

Esta concesión, en opinión de la chucenera, era "igual un poco machista", aunque considera que la asignación de estos asuntos atendía a que "pensaban, no sé si con razón o no, que conmigo las víctimas se sentían mejor, más cercanas, que se evitaba la revictimización". A ella le llamó la atención.

Por sus manos han pasado asuntos de prácticamente todas las jurisdicciones, sobre todo de la laboral y de la penal. De esta última, uno de los casos que más le impactaron "por lo morboso" fue el doble crimen de Almonaster, que conllevó la detención en 2011 del profesor de Matemáticas Genaro Ramallo por el asesinato de su mujer y su hijo en 1993, Mari Carmen y Antonio. "Llevé el tema desde el final de la instrucción y en el juicio".

En el Ministerio Fiscal onubense "topamos con que de 50 años para abajo las mujeres son el 70% de los fiscales; sin embargo, a partir de 55 años la proporción es al revés". Y luego también existe "el famoso techo de cristal: en las cúpulas la proporción es aún menor, cuando no hay obstáculos legales ni formales para ello".

Dori Solís es teniente fiscal del Ministerio Público Onubense desde 1995. Dori Solís es teniente fiscal del Ministerio Público Onubense desde 1995.

Dori Solís es teniente fiscal del Ministerio Público Onubense desde 1995. / Josué Correa (Huelva)

Asume que en su promoción "mujeres éramos muy poquitas" y celebra que "hemos encadenado dos fiscales generales consecutivas", María José Segarra y ahora Dolores Delgado. "Por edad ya vamos llegando todas a los puestos más altos del escalafón".

Dori Solís afirma que ya no suele darse eso de que "el acusado venga diciendo que no me toque una mujer porque no me libro, puesto que en la actualidad cualquier sala está conformada por mayoría femenina" de forma habitual. En el caso de los juzgados de los Social de Huelva "las tres titulares son mujeres y también dos de los tres letrados de la Administración de Justicia".

En términos de conciliación, "en la profesión nuestra no he visto grandes problemas, yo no los he tenido nunca, mi marido y yo hemos conciliado totalmente en plano de igualdad siempre las tareas domésticas y de los hijos".

En la Fiscalía de Huelva "hay parejas de fiscales, con lo cual están conciliando prácticamente a nivel de igualdad". Remarca que está "convencida de que la culpa, entre comillas, de no acceder a puestos altos o a cargos que podrían ser voluntarios y no por antigüedad, es de las propias mujeres. Tenemos todavía ese poso de arrastrar la responsabilidad familiar; un hombre no se lo piensa si puede ascender, muchas de nosotras sí".

Marina Méndez. Inspectora de la Policía Nacional

Esta madrileña de 29 años dirige el Grupo de Atención al Ciudadano de la Policía Nacional de Huelva desde junio del pasado año. Estudió Ciencias Políticas y decidió que iba a opositar. Su pareja, también policía, la animó a aspirar a la escala ejecutiva del cuerpo y le contagió "su entusiasmo por este trabajo, su motivación". Obtuvo plaza en 2016.

Se dio cuenta pronto de que "éramos menos mujeres opositando, pero las animo a prepararse para entrar en el Cuerpo Nacional de Policía porque aquí se rige todo por lo buen profesional que seas". La inspectora estima que "juntar a los dos géneros aporta más comprensión de los unos hacia los otros, se es más tolerante".

En la comisaría del paseo de Las Palmeras son una clara minoría. "Todos los jefes son hombres menos yo, aunque hay otra inspectora en el turno de noche". Méndez señala que "no he vivido una mala experiencia concreta por ser mujer, en la calle el que me ha respetado poco es porque no respeta a la autoridad".

La inspectora Marina Méndez, jefa del Grupo de Atención al Ciudadano de la Policía Nacional de Huelva. La inspectora Marina Méndez, jefa del Grupo de Atención al Ciudadano de la Policía Nacional de Huelva.

La inspectora Marina Méndez, jefa del Grupo de Atención al Ciudadano de la Policía Nacional de Huelva. / Josué Correa (Huelva)

Sí agrega que con los delincuentes "tengo dos hándicaps: ser mujer y ser muy joven, así que te dicen hija, no te llaman de usted, no les sale ese trato más distante". Le había contado una comisaria en la Academia que "por ser mujer iba a tener que dar el 150% en vez del 100%, pero eso no me ha ocurrido". Se siente respetada.

La inspectora Méndez es "ambiciosa, me gustaría llegar lo más lejos que pueda". Como el ascenso exige "movimiento", ya ha consensuado con su novio cómo se organizarán la vida. "Él está dispuesto a pedir una excedencia si tengo una gran opción laboral y en el futuro tenemos hijos". Además, tienen asumida la distancia, "sabemos dónde estamos".

Se ve como una profesional "mandona, inquieta, escrupulosa organizando, metódica, me gusta que las cosas se hagan bien". En el futuro le gustaría trabajar en el área de cooperación internacional porque "me atraen las relaciones diplomáticas".

A la entrevista la acompaña el inspector Rafael Colmenero, que asume la relación con la prensa en la comisaría. Él señala que "trabajar con las compañeras es una experiencia extraordinaria, no hay que olvidar que la palabra Policía es femenina; yo prefiero trabajar con ellas más que con alguno chicos, simplemente porque ellas son mejores profesionales".

Santos Repiso. LAJ Juzgado de Violencia sobre la Mujer

Onubense y madre de dos hijos (uno ingeniero informático y la otra como su madre, secretaria judicial), Santos aprobó unas oposiciones y en 1978 comenzó a trabajar en Magistratura, hoy juzgados de lo Social. Cuando sus hijos tenían 9 y 11 años se puso a estudiar Derecho y sacó la carrera.

Aquello de conciliar no le fue fácil. "En mi casa mi marido no colaboraba. Entonces la casa, la comida y los niños eran para mí". Cuando estaba estudiando, "me encerraba en el trastero y a las nueve de la noche mi marido me iba a buscar a la puerta y, señalando al reloj, decía bueno, ya es hora, ¿no? Y él estaba haciendo un crucigrama o leyendo un libro. Ahí sí que veía la desigualdad".

No ha padecido grandes disparidades de género durante su dilatada trayectoria profesional, que la ha llevado a Canarias, La Palma del Condado, Menores, Primera Instancia o la Sección Tercera de la Audiencia. Pero sí recuerda algunas anécdotas. "He ido con un compañero a un embargo y la gente se dirigía a él, no a mí. Como si el secretario fuera él, pero es que él llevaba traje y corbata".

La Magistratura de Trabajo durante mucho tiempo se encargó de "cobrar las deudas que tenía la gente con la Tesorería y con la Seguridad Social y esos impagados los llevábamos nosotros y trabajábamos por la tarde". De lo recaudado, recuerda, "nos devolvían un porcentaje que se repartía entre todos los que hacíamos ese trabajo y, curiosamente, cobraban más el magistrado, el secretario y un funcionario que era oficial. Yo peleé y al final cobramos todos igual porque todos hacíamos el mismo trabajo".

Santos Repiso es la secretaria judicial (ahora LAJ) del Juzgado de Violencia sobre la Mujer de Huelva. Santos Repiso es la secretaria judicial (ahora LAJ) del Juzgado de Violencia sobre la Mujer de Huelva.

Santos Repiso es la secretaria judicial (ahora LAJ) del Juzgado de Violencia sobre la Mujer de Huelva. / Josué Correa (Huelva)

La brecha entre géneros "aquí hoy no la encuentras; en las alturas no te digo yo que no, donde ya se elige por antigüedad y por méritos, porque uno de esos méritos puede ser ser hombre".

La letrada de la Administracion de Justicia (LAJ) opina que la mujer aporta a la Justicia "una visión distinta completamente, especialmente en los procedimientos de Familia porque le aplicamos más una visión de madre". En este sentido rememora cómo "tuve un magistrado en Canarias que me decía: Rubia, que no se ponen resoluciones con el corazón. A lo mejor es un defecto, ¿eh? Pero podemos dar una visión diferente".

Como detalle, destaca que en el Juzgado de Violencia sobre la Mujer y en otros de los tantos órganos en los que ha desempeñado su labor "sí he notado desigualdad en el trato de algunos de los funcionarios si eres hombre o mujer: si vienes nuevo y eres hombre, te hablan de don. Si eres mujer, te empiezan hablando de tú. No sé por qué será, pero creo que es porque es hombre y viene con traje".

Es una voz más que autorizada para hablar de la violencia machista como directora que es de la oficina judicial en el Juzgado de Violencia sobre la Mujer de Huelva. Imparte charlas por los colegios. "Estoy cansada de decirlo: esto es un problema educacional. Si desde pequeño se mete en la cabeza de un niño que somos iguales, que lo único que tiene el hombre más que la mujer es la fuerza bruta y a veces ni eso, todo cambiaría. Hay que meter en vena que somos iguales en todo".

Repiso ha detectado que a la juventud "no se le educa en ese sentido, aquí vienen muchos jóvenes que tienen sometidas a esas niñas, que no se vistan así, que no hablen con tal o con cual". Muchos de los asesinatos son consecuencia de que "el hombre se cree que la mujer es de su propiedad, que si no es suya no es de nadie; es pura posesión, sometimiento", lamentablemente frecuente entre "veinteañeros o gente de 30 años".

Susana Caballero. Magistrada Juzgado 1ª Instancia 1

Madrileña de padres extremeños, fue la primera en la familia en sacar un título universitario. Le atraía la judicatura, opositó y aprobó a la primera en 1995. "Mis padres me decían que eligiera destino de Despeñaperros para abajo", así que se inició en Linares (Jaén) como jueza de instrucción.

"A los tres años y ocho meses ascendí a magistrada y me vine a Huelva, aquí llevo desde diciembre de 1999". Veinte años siendo la titular del Juzgado de Primera Instancia 1 de Huelva, donde se siente como en casa. Sus dos hijas no se apartan de la senda y estudian dobles grados que incluyen el de Derecho.

Caballero afirma que salarialmente nunca ha sentido la desigualdad, pero "sí que es verdad que cuando era más joven, recuerdo en Linares que cuando venían preguntando por el juez y les decía que era yo me decían: No, no, el de verdad. No te identificaban porque eras mujer y joven. Pero yo también, cuando venían alterados o no quería recibirlos, aprovechaba y decía: El juez se ha ido hace un rato".

La magistrada narra cómo en la Escuela Judicial indicaban a las mujeres que "cuando vayáis a un levantamiento de cadáver os va a estar observando todo el mundo. Por favor, no hagáis ningún gesto". Y es que acudir a esta diligencia no es agradable, pero llama la atención que "nos transmitían que teníamos que mantener el tipo más que los chicos porque la sensación que podías dar de fragilidad y tal no iba a dar buena impresión a la Guardia Civil o a la Policía". En uno en concreto en el que "iba todo el mundo con mascarilla menos yo, tuve que aguantar el olor sin hacer ningún ademán".

Susana Caballero es la magistrada titular del Juzgado de Primera Instancia 1 de Huelva desde hace 20 años. Susana Caballero es la magistrada titular del Juzgado de Primera Instancia 1 de Huelva desde hace 20 años.

Susana Caballero es la magistrada titular del Juzgado de Primera Instancia 1 de Huelva desde hace 20 años. / Josué Correa (Huelva)

En el orden civil en el que desempeña su trabajo no suele encontrarse con micromachismos, pero le parece "curioso", por ejemplo, que cuando la limpiadora llega a la sede judicial, "quizá por confianza, dice: Buenos días, don Antonio; buenos días, don Enrique; hola, Susana; hola, Isabel. Y dices, bueno, somos tan doñas como los demás, pero tienden un poco a tratarte distinto. A mí no me molesta, pero sí aprecio esa diferencia, no creo que lo hagan porque te tengan menos consideración, pero existe".

Ella no ha sufrido en su piel ninguna actitud fuera de lugar por parte de algún colega, "pero sí alguna compañera me ha dicho Fulanito me ha soltado este comentario; yo he tenido muy buenos compañeros".

Cree que no hay diferencias entre la mujer y el hombre a la hora de impartir justicia, "sino que es más una cuestión de vivencia personal". Por ejemplo, "cuando yo tenía procedimientos de Familia y no era madre los valoraba distinto a cuando ya lo fui, mi experiencia personal me hizo cambiar la perspectiva, caso de la hora de entrega de un menor, pues pensaba cómo va a ser tan tarde, si a esa hora el niño ya tiene que estar dormido".

Lo del lenguaje inclusivo no lo comparte, "creo que el castellano es suficientemente rico y amplio como para que sepamos entender que cuando estamos diciendo la palabra todos no estamos discriminando a las mujeres porque no digamos todas". Y apunta que "si no hay muchas mujeres en los escalafones judiciales más altos, es porque no han optado a esas plazas, no porque no podamos llegar".

María Molina. Teniente de la Guardia Civil de Valverde

Su padre y su hermano son militares, pero ella tuvo claro a los 16 años que su vocación era policial. "Decidí que cuando acabara Bachillerato me presentaría a las oposiciones de oficial de la Guardia Civil". No aprobó a la primera pero "sabía lo que quería hacer con mi vida, no me desanimé, me volví a presentar y aprobé".

Ingresó en el Cuerpo con 18 años. Ahora tiene 25 y es teniente adjunta de la Compañía de Valverde del Camino, la segunda en la cadena de mando del partido judicial. Madrileña de la capital, "en Huelva he acabado por fortuna porque, aunque no era mi primera opción, sí que estaba muy bien posicionada porque siempre me han interesado las provincias con costa".

Esta tiene un añadido más: "El Rocío es el acontecimiento más grande en el que participa la Guardia Civil, así que es una gran oportunidad".

En Valverde realiza tareas de seguridad ciudadana, fundamentalmente. "Vemos muchos delitos contra las personas, como en todos lados, desde lesiones a violencia de género, robos, hurtos o estafas en Internet". Pero si hay un asunto que le haya dejado marca ese es el crimen de Laura Luelmo.

"Nadie se espera nunca acabar trabajando en algo de este tipo y de esa repercusión mediática. Creo que todo el mundo que hemos trabajado en este caso, como en otros mediáticos, acabamos afectados. No imaginas nunca que esto lo vayas a vivir tú en primera persona". Con su 1,60 metros de estatura "me podía imponer perfectamente ante todas las personas que estaban trabajando allí conmigo, que llegaron a ser unas 300" durante el desarrollo del suceso.

La teniente María Molina, segunda en la cadena de Mando de la Compañía de la Guardia Civil de Valverde. La teniente María Molina, segunda en la cadena de Mando de la Compañía de la Guardia Civil de Valverde.

La teniente María Molina, segunda en la cadena de Mando de la Compañía de la Guardia Civil de Valverde. / H. Información (Huelva)

También ha vivido situaciones de riesgo "en las que vale más la agilidad mental y corporal que el músculo: nos encontramos a una mujer que estaba amenazando con autolesionarse y, al final, el arma blanca se la arrebatamos entre el compañero y yo. Fue una cuestión más de velocidad que de fuerza, agilidad pura y dura", cuenta con orgullo.

Las mujeres siguen estando en minoría en la Benemérita. En su compañía son cinco, pero "sería equivocado decir que este mundo es de hombres, es solo que el trabajo no es a priori atractivo para las mujeres". Molina afirma que esto se debe más al desconocimiento que a otra cosa. "La Guardia Civil sería más un mundo de mujeres si la gente supiera de todas las especialidades que se pueden desarrollar aquí, de las facilidades que te ofrece y las oportunidades que te da". Ella no se pone límites y "me encantaría ser coronel jefa de una Comandancia".

Es consciente de que con su estatura "no impongo lo mismo que un compañero que mida casi dos metros, pero hacerse respetar depende más de la confianza que tengas en ti misma". Y la teniente Molina lo consigue sin problema.

Pone de manifiesto que nunca ha padecido ningún comportamiento machista en el trabajo, especialmente porque "está basado en el mérito y estoy rodeada de excelentes profesionales".

Desde su prisma, las mujeres aportan a la Benemérita "un punto de vista diferente. No todos pensamos igual. Muchas veces la presencia de una mujer, y no porque los compañeros no sean empáticos, pero sí que muchas veces reconforta a la víctima, sea un menor o una víctima de violencia de género. Creo que es simplemente por biología".

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