Relevo generacional en uno de los obradores más emblemáticos de Huelva: Tres mujeres toman el mando de Confitería Rufino tras 150 años de historia
Marga, Soledad y Ana Rodríguez asumen la dirección de la histórica Confitería Rufino en una nueva etapa con liderazgo femenino, mejoras en producción y el compromiso de mantener la esencia artesanal
Pilar Rodríguez, la mujer detrás de los dulces más famosos de Aracena: "Criada entre hornos, bandejas y olor a almendra tostada"
Como ya contamos en el artículo dedicado a nuestra querida Pilar Rodríguez, pronto cedería el testigo. Y ese momento ha llegado. En esta ocasión, desde la histórica Confitería Rufino, conversamos con Marga, Soledad y Ana Rodríguez: jefa de obrador, gerente de la tienda de Sevilla y directora de Comunicación y Marketing, respectivamente.
Los caminos profesionales de estas tres mujeres han sido diversos, pero hoy confluyen en el corazón de esta emblemática confitería artesanal.
Marga estudió Patronaje y Moda y llegó a ejercer en ese ámbito. Soledad, por su parte, es una prestigiosa chef (una de las mejores que ha dado la capital serrana), no solo especializada en pastelería. Ha trabajado como jefa de cocina en distintos restaurantes y se ha formado junto a grandes nombres como Paco Morales, chef con tres estrellas Michelin. Ana estudió Diseño Gráfico, disciplina que hoy aplica a la imagen y proyección de marca de Confitería Rufino.
Todas acumulan experiencia fuera del negocio familiar, aunque el vínculo con la confitería siempre estuvo presente. Como ya contaba Pilar, en una empresa familiar todos arriman el hombro. Igual que sus padres y tíos ayudaban a sus abuelos, ellas también lo hicieron desde jóvenes. Marga recuerda entre risas que, con apenas un mes de carné de conducir, le tocó repartir en Sevilla con una furgoneta cargada hasta arriba o desplazarse a Lepe para recoger fresas frescas destinadas al obrador.
Las primas destacan que la plantilla de Confitería Rufino es mayoritariamente femenina y que trabajan para mantener un clima laboral sano y estable. La nueva etapa viene acompañada de una visión clara de futuro: ya están implementando mejoras en los procesos de producción para atender la creciente demanda, estandarizando la calidad sin renunciar al carácter artesanal que define a esta pastelería centenaria. Cuidar la salud y el bienestar del equipo es una prioridad absoluta.
Empezaron desde abajo. Sus padres les enseñaron las bases del oficio y entraron como entra cualquiera en un obrador: fregando, limpiando y aprendiendo cada fase del proceso. El camino hasta donde están hoy ha sido largo. En el caso de Marga, roza ya las dos décadas de dedicación.
Soledad comparte una anécdota que refleja una realidad aún presente en el sector. Con apenas 30 años, cuando ejercía como jefa de cocina, en más de una ocasión, tras un servicio exitoso, los comensales se acercaban a felicitar al jefe de partida… siendo ella la chef. Una muestra de micromachismo que, por desgracia, sigue siendo más habitual de lo que imaginamos.
Ana sentencia con firmeza que a ellas nada se les ha regalado. Pero tampoco se les ha impedido desarrollarse profesionalmente en aquello que aman.
Las Rodríguez lo tienen claro: el mayor premio no son los reconocimientos, sino esa clientela fiel que, desde hace más de 150 años, espera a las puertas de Confitería Rufino para llevarse a casa dulces artesanos elaborados con tradición, excelencia y alma femenina.
Temas relacionados
No hay comentarios