La aldea de Huelva a un paso de Portugal que tiene 131 habitantes y donde parece que el tiempo decidió echarse la siesta
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En el rincón más sereno del norte onubense, allí donde el mapa de la Sierra de Aracena empieza a rozar la frontera portuguesa, se esconde un tesoro de cal y piedra. Se llama Las Cefiñas. Con apenas 131 vecinos censados, esta aldea de Aroche es un santuario donde el sonido de la naturaleza ha ganado la batalla al ruido del asfalto.
Entrar en Las Cefiñas es, literalmente, bajar las revoluciones. Sus calles empedradas invitan a un paseo sin rumbo, rodeado por un manto verde que parece no tener fin. Aquí, la vida no se mide en gigas, sino en la pureza del aire del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche.
Un nombre con aroma a cosecha
¿De dónde viene un nombre tan evocador? La tradición apunta a la palabra luso-hispana "ceifa", que significa "siega". En tiempos antiguos, este enclave era el refugio de los braceros que acudían a recoger el fruto de la tierra.
Lo que nació como un asentamiento de esfuerzo agrícola es hoy un remanso de paz donde la ganadería y la agricultura siguen siendo el motor de un pueblo que se niega a olvidar sus raíces.
De la Fuente Vieja al palomar de Juan Manuel
A pesar de su tamaño, Las Cefiñas guarda rincones que son pura poesía visual. Su edificación más emblemática es la Iglesia, estratégicamente situada entre el caserío y el prado, creando una estampa que parece sacada de una postal de otra época.
Pero la verdadera esencia se encuentra en los detalles cotidianos:
- Agua con memoria: La Fuente Vieja y la Fuente del Lavadero son testigos mudos de siglos de encuentros vecinales.
- Cielos mensajeros: Una de las curiosidades más entrañables es el palomar de Juan Manuel Vázquez, un vecino que mantiene vivo el arte de la paloma mensajera.
- Naturaleza indómita: En sus afluentes, si se guarda silencio, es posible avistar nutrias y tejones, mientras las cornejas vigilan desde las encinas.
Un refugio "aislado" (pero cerca de todo)
Lo más llamativo de su ubicación es su bendito aislamiento. Aunque pertenece a Aroche, Las Cefiñas se encuentra a unos 23 kilómetros de su ayuntamiento (casi media hora de curvas y paisajes espectaculares).
Sin embargo, su vecina más cercana es la imponente Cortegana, a tan solo 9 kilómetros, lo que la convierte en el satélite perfecto para quienes buscan la soledad absoluta sin alejarse demasiado de la civilización.
Y si buscas el alma de la aldea en su máximo esplendor, el primer fin de semana de agosto es la cita clave. Las fiestas en honor al Sagrado Corazón de Jesús transforman el silencio en convivencia y alegría.
Ahora en invierno, el paisaje cambia: El frío trae consigo la temporada de caza de jabalíes y ciervos, y el humo de las chimeneas convierte a Las Cefiñas en uno de los lugares más acogedores de la sierra onubense.
Dentro de su pequeño núcleo encontrarás alojamientos rurales como la Casa Rural El Pico de Aroche o la Casa Rural Maruja.
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