Semana Santa

El auge de la Semana Santa

  • La participación en los cortejos es muy numerosa y el apoyo de la ciudad muy grande

Hablar de nuestra Semana Santa sería interminable por la categoría que tiene. La riqueza que atesora desde siempre, sobre todo a partir de los años cincuenta del siglo pasado, cuando se crea un buen número de hermandades: creemos que no llegaban a doce y en la actualidad son veintiséis las que procesionan en Huelva capital. Entre ellas, algunas tienen varios siglos, con unos patrimonios, en cuanto se refieren a lo que podíamos llamar propios de la hermandad, como pasos de tallas maravillosas en caoba, otros dorados, palios, de un valor incalculable por la antigüedad y categoría, banderas, bocinas, cruces de guías, insignias, libros de reglas, cruces de penitencias, maniguetas, várales, túnicas, coronas, rostrillos, respiraderos, cirios, potencias, puñales, bambalinas, simpecados, guiones, mantos bordados de espléndida belleza, faroles, vestidos de monaguillos, senatus, estandartes y otros diversos objetos necesarios y conseguidos a través de los años y la labor de los hermanos que llaman la atención y sorprenden a los cofrades más entendidos y exigentes, pudiéndose comparar con los mejores que existan en Andalucía. Asimismo, otras varias hermandades, no tan antiguas pero carismáticas y muy populares, de categoría y gran esplendor, algunas de más reciente creación que no tienen nada que envidiar a las más antiguas, estando nuestra Semana Santadeclarada de Interés Turístico Nacional.

Nuestra ciudad se vuelca en su Semana Santa, que vive intensamente, que goza con ella desde sus comienzos. A la que acuden masivamente a las salidas y recogidas de sus desfiles, disfrutando con la majestuosidad de sus procesiones, con el empaque, la devoción y esplendor de las mismas. La seriedad, el respeto que derrochan sus maravillosos e impresionantes pasos, la satisfacción que produce admirar y contemplar por nuestras calles y plazas, ver pasar sus hermandades, de lo que nos sentimos inmensamente orgullosos de poder admirar uno de los mejores desfile procesionales de los muchos existentes en Andalucía.

Equiparable a las mejores de toda España, algo que consideramos oportuno comentar, como los pasos de misterio, sencillamente maravillosos e impresionantes, al igual que los de palio, de una belleza incomparable muchos de ellos. Algunas caras de las vírgenes son de una sencillez, belleza y exquisitez que nos deja impresionados.

La categoría que exhiben los bordados de los mantos y palios, dignos de todos los elogios.

Las diversas y fenomenales bandas de música de nuestra ciudad y provincia que acompañan a las procesiones.

El encanto, brillantez, sabor y señorío de las magníficas bandas de trompetas y tambores formadas por jóvenes onubenses haciendo las delicias de todos cuantos las escuchan.

La fe y devoción que profesan los devotos con sus promesas y amor en las procesiones, con cruces en sus espaldas, cadenas en los pies descalzos, junto a los Sagrados titulares de la hermandad.

De impresionante podemos catalogar el recorrido por nuestras calles y plazas, tanto por el centro como las que proceden de los distintos y lejanos barrios al llegar a nuestra Carrera Oficial y disfrutar del magnífico e impresionante desfile que podemos presenciar.

A la entrada en la popular y conocida Placeta, repleta de numerosos fieles y devotos que esperan pacientemente durante horas, en sillas, gradas, palcos, como de pie, el largo cortejo de las procesiones que cada día gozan, disfrutan y se embelesan con el esplendor y belleza que derrochan nuestras hermandades para contemplar y escuchar la majestad de las marchas que efectúan las bandas, seguidas de la cruz de guía que anuncia la presencia de la hermandad con majestuosidad, el silencio y respeto que supone entrar en Carrera Oficial.

Los palcos y gradas colocados para tal fin, totalmente llenos de fieles y devotos, presencian el maravilloso y espléndido cortejo al llegar a la iglesia de la Concepción. Los hermanos nazarenos, en medio de un impresionante silencio, continúan hasta la Plaza de las Monjas, con brillantez y recogimiento, que aparece repleta y llena de personas en los palcos al paso por la iglesia de las Agustinas, los niños pequeños se afanan en pedir cera a los penitentes, al entrar en la remozada y vistosa Gran Vía, en la que se contempla, desde cualquier lugar, la belleza y esplendor de las cofradías al ser de los lugares más emblemáticos y vistosos de la Carrera Oficial, para llegar al Ayuntamiento, donde está el último Palco de Autoridades y despedir a las cofradías.

Desde aquí cada hermandad tomará su camino hasta llegar a su iglesia o capilla, en la que durante todo el recorrido ha venido muy bien acompañada de una gran muchedumbre, para llegar a su lugar de origen en la que sus fieles-devotos y público en general, esperan la llegada, para poner el broche de oro al espléndido desfile, que su hermandad ha efectuado, para gozar y disfrutar, de la entrada en iglesia o capilla, en la que esperan una legión de grandes cantaores para despedirse de su Cristo y Virgen, para lanzar al aire sus voces y rezarles o cantarles por saetas, hasta el próximo año. Que seguro estamos, que será así, sino unos cantaores serán, otros, porque esta tierra siempre ha rezado a sus imágenes por saetas, algo que ha sido, es y será propio de nuestra Huelva, escuchando el lamento. El quejío.

El dolor de los aficionados y profesionales del flamencos que se vuelcan cantando, porque el que reza cantando reza dos veces a las diversas hermandades que desfilan cada año por nuestra ciudad por lo que aconsejamos a quienes no conozcan nuestra Semana Santa que vengan a esta hermosa ciudad de Huelva, acogedora y alegre, para conocerla, vivirla y deleitarse con la misma, que seguro se alegrarán a la vez que no se arrepentirán, algo que os garantizo, que no es forma de hacer publicidad, de algo propio y real, que esta tierra tiene el don que todo el que ha venido a conocerla, ha sentido el deseo y la necesidad de volver de nuevo.

A continuación, quiero plasmar una serie de letras de saetas:

Entró en Jerusalén / subido a una pollina / las calles entapizadas / salieron a recibirlo / con muchos ramos y telas / con ramos, palmas y oliva / las capas se descolgaban / tendiéndolas por la tierra / para que Jesús pasara.

Diciendo si seré yo / por fortuna el atrevido / Jesucristo le pedía / y el señor le contestó / la bendición a su madre / pues tu eres quien lo ha dicho / diciéndole madre mía / en otro no pienso yo / ya es voluntad de mi padre / se cumplan las profecías.

Cuando Jesús proponía / reunir a su apostolado / a Jesús en oración / para celebrar la cena / un ángel se le aparece / miró a un lado con gran pena / anunciándole pasión / y vio a Judas en pecado / y muerte en la cruz le ofrece / para nuestra redención.

De dolor la madre llora / se despide de su hijo / vuestra pena tiene olvido / porque sabéis gran señora / que al mundo ha redimido.

Madre yo voy a morir / dame si quiere un abrazo / dulcísima madre mía / en el eterno descanso / seré vuestra compañía.

Gotas de sangre sudaba / aquel Jesús tan divino / que de rodillas oraba / y en su rostro peregrino / la angustia se dibujaba / no llores más madre mía / no llores reina del cielo / que pronto llegará el día / en que tengas el consuelo / de esta triste despedida.

Y cumplido el testamento / entre luces enlutadas / oró el señor en silencio / viendo que se aproximaba / la hora de los tormentos.

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