Procesión de la Hermandad de Pasión de Huelva 2019 Blanca pasión centenaria

  • La cofradía recorre las calles de Huelva bajo el manto de miles de onubenses

El Señor de Pasión por la Plaza de San Pedro ante la atenta mirada de centenares de personas. El Señor de Pasión por la Plaza de San Pedro ante la atenta mirada de centenares de personas.

El Señor de Pasión por la Plaza de San Pedro ante la atenta mirada de centenares de personas. / Alberto Domínguez

En la Plaza de San Pedro cabía todo el mundo y no cabía nadie más. El Martes Santo en Huelva es posible lo imposible. Y el corazón late y se para al mismo tiempo. Algo tendrá. Allí donde el morado reina en un monte de flores de colores y la cera se consume entre faroles. Allí donde una lágrima se desliza más rápida que el tiempo y la garganta se atraviesa por momentos. Allí, en la Plaza de San Pedro, Huelva sale al encuentro de Pasión sin mediar palabra. Pero algo tendrá. Allí el viento se concentra en mecer con templanza una túnica que aguanta la emoción del momento. En la Plaza de San Pedro cabía la nostalgia de poder congelar el tiempo. Cabía la añoranza del recuerdo.

Cien años desde su primera salida procesional. Un centenario de la devoción a quien reza caminando sin levantar un palmo del suelo. Cien años desde que Pasión alumbrara el camino de los onubenses. Desde que la razón asentase el tiempo y aflorara los sentimientos.

María Santísima del Refugio, ayer. María Santísima del Refugio, ayer.

María Santísima del Refugio, ayer. / Alberto Domínguez

Cabía un mundo entero en la parroquia de San Pedro. Cabía la ilusión, las ganas y el amor. Cabía un cortejo que agranda la sonrisa de Huelva cuando cruza sus calles aterciopeladas. La Hermandad de Pasión hacía un canto a la elegancia. Recorrió el porche con el recuerdo de cien años en el tiempo y todavía con toda la historia por contar. El Señor de Pasión acortó su distancia centímetro a centímetro, sin mirar el reloj, y con la Agrupación Musical Nuestro Padre Jesús de la Salud deleitando un camino plagado de incienso con aroma de ternura y de consuelo.

Las palmeras del Paseo Santa Fe permitieron de nuevo multiplicar los sentimientos. El toque de tambor por delante y, los varales, arriba, en un segundo plano de auténtica exquisitez en San Pedro. La Virgen del Refugio seguía su estela. Y lo hizo con el lamento de una Madre que ve a su hijo cargando con una cruz. Y sin descanso. Al son de Esperanza de Triana Coronada; ...Y en Triana, la O; Pasan los campanilleros; y Siempre la Esperanza abrió con finura su camino. Cuatro marchas consecutivas. Cuatro rezos lanzados al aire. Sonó el clan clan de los varales, lloró la Madre y Huelva volvió a refugiarse en ella como síntoma de Martes Santo.

La devoción esperó en cada esquina, en cada calle, con el murmullo de los fieles en busca de alabanzas y promesas. Pasión cumplía cien años y queda todo por contar. La cofradía cerró una rebosante y renovada Carrera Oficial. Un poquito más larga. Un poquito más para llorar en silencio ante Nuestro Padre Jesús de la Pasión.

En el regreso no se paró el tiempo porque no existió. Todo quedará en un sueño. Todo quedará en las historias. Todo se podrá contar. Algo tendrá Pasión para que el onubense camine de espaldas para poder verlo de frente. Algo tendrá Pasión para que todo suene a melodía eterna. A sencillez. A añoranza. Pasión volvió de blanco y lo hizo para quedarse en el corazón de los onubenses. Justo ahí. Donde vive desde hace cien años.

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