Semana Santa

La Esperanza muestra su señorío por el centro

  • El Antiguo Brasil mantiene su devoción a la Virgen pese al paso del tiempo

SAN Francisco vive de antemano el Miércoles Santo. El centro se adereza para recibir a su Reina y multitud de balcones y ventanas estaban preparadas para volverle a dar la bienvenida. Aún estaban frescas en las retinas, las imágenes de la salida extraordinaria con motivo de su 75 aniversario que tuvo lugar el pasado 4 de octubre.

No cabía un alfiler en la capilla de la hermandad momentos antes del comienzo de la procesión. En su interior se llevaron a cabo las primeras levantás que correspondieron al programa El Llamador de Canal Sur Radio en el caso del misterio y que la realizó la directora del ente público andaluz en Huelva, Inmaculada González. La primera levantá del paso de palio fue de Francisco Moro, quien entregó el año pasado a la Virgen, su medalla como senador. Una vez en la calle hubo otra sentida levantá en memoria de quien fuera costalero del misterio Antonio Martín Infante.

A la salida del paso de palio hubo un pequeño percance ya que uno de los costaleros tuvo que ser evacuado de debajo del paso por que se le había resbalado el costal y la trabajadera cayó directamente al cuello, de modo que hubo que ponerle un collarín.

La cofradía de San Francisco se mueve en su casa cuando avanza por las calles del centro. Tiene muy cerquita la Plaza Niña y con ello a las Hermanas de la Cruz. La altura del Señor de la Expiración marca una referencia inevitable con el respeto que suscita ante su paso por las distintas calles. Pero lo mejor aún estaba por llegar.

Cuando uno de aproxima al Hotel Tartessos se percibe que algo grande va a pasar. Y esa impresión no es errónea. Cuando el misterio ya había abandonado la Gran Vía, la gran cantidad de gente congregada en la intersección entre Martín Alonso Pinzón y Santa Ángela de la Cruz empezó a sentir la cercanía de la Reina de San Francisco.

Justo antes de llegar a la Gran Vía, el palio fue objeto de una prolongada petalada lo que ya arrancó los primeros vivas y piropos a la Virgen de la Esperanza Coronada. Testigo de todo ello, el azulejo que situado junto al Tartessos con motivo del 75 aniversario de la bendición de la imagen. La devoción a la Esperanza se va transmitiendo de generación en generación. Muestra de ello es los descendientes de los vecinos del Antiguo Brasil que allí estaban para ofrecerle a la Virgen, ramos de flores y todo su cariño expresado en vítores.

Los momentos pasaron a ser casi electrizantes. El palio empezó a acercarse hacia el Tartessos. Cada movimiento en ese sentido iba acompañado de los aplausos de los allí presentes mientras que desde el hotel arrancaron sendas e interminables petaladas, todo ello al son de la marcha Campanilleros que dio continuidad a las saetas.

La Virgen tuvo un gesto final que fue muy apreciado por todos. Separada del Tartessos, dio una vuelta completa y en una sola chicotá, para saludar a cuantos allí se habían dando cita para mostrarle todo su amor y gratitud. Todos ellos se fueron de allí conscientes de haber vivido uno de los momentos culminantes de la Semana Santa onubense.

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