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Un lepero pide ayuda para recuperar a su hija “retenida” por su pareja en Siberia

  • José Antonio Franco denuncia la situación ante el Consulado español en Moscú

Imagen de José Antonio con su hija, ahora desaparecida Imagen de José Antonio con su hija, ahora desaparecida

Imagen de José Antonio con su hija, ahora desaparecida / Jordi Landero (Lepe)

Un hombre natural de Lepe, José Antonio Franco, de 41 años de edad y residente en el extranjero desde 2012, ha denunciado a la mujer de nacionalidad rusa con la que tuvo una relación sentimental cuando ambos vivían en Vietnam, por tener “retenida” en la ciudad siberiana de Krasnoyarsk, a 5.000 kilómetros de Moscú, a la hija de ambos, a la que asegura que no ha podido ver desde hace un mes y medio. Es el segundo caso similar ocurrido a un lepero en los últimos meses.

Franco también ha pedido amparo al Gobierno de España a través del Consulado de nuestro país en Moscú, con el objeto de poder ver a su hija, ya que afirma que tanto él como la pequeña tienen nacionalidad española, y por tanto derecho a que sean defendidos sus intereses y derechos por las autoridades de nuestro país.

Imagen de una conversación mantenida por Skype con el afectado Imagen de una conversación mantenida por Skype con el afectado

Imagen de una conversación mantenida por Skype con el afectado / Jordi Landero (Lepe)

En declaraciones a Huelva Información desde Siberia, donde reside actualmente, este padre lepero explicó que conoció a la madre de su hija en Vietnam, país al que se había desplazado por motivos laborales y donde nació la hija de ambos el 7 de octubre de 2014. Fue entonces cuando empezaron a darse los primeros problemas entre ambos miembros de la pareja hasta que un día, cuando la pequeña tenía apenas cinco meses, “cuando regresé a casa del trabajo, me encontré con que no estaban, sin nota que informara de dónde estaban, ni nada parecido, y la busqué por todos sitios, embajadas y consulados, pero no tenía nada que acreditase que era mi hija”. No obstante, añade, “finalmente la pude inscribir oficialmente”.

Del mismo modo afirma que también tuvo problemas para conseguir la nacionalidad de la menor, que actualmente es rusa y española. Posteriormente, siempre según su relato, su expareja le comunicó que se había llevado a la menor a la ciudad siberiana de Krasnoyarsk, donde ella trabajaba en una guardería. Con un visado de tres meses se marchó a Rusia al objeto de estar más cerca de la niña, a la que asegura que “podía ver siempre, con la condición de que le entregase el pasaporte a la madre mientras la niña estaba conmigo, algo a lo que accedí”.

José Antonio en la guardería rusa donde acudió a buscar a su hija José Antonio en la guardería rusa donde acudió a buscar a su hija

José Antonio en la guardería rusa donde acudió a buscar a su hija / Jordi Landero (Lepe)

José Antonio Franco relata que de esta forma ha estado durante los últimos tres años y medio realizando viajes esporádicos a Siberia para ver a su hija hasta que hace cerca de dos meses, gracias a un visado de estudiante de un año, alquiló allí un piso en el que se estableció el 6 de octubre. El día 18 de dicho mes recogió a la niña en la guardería y ella le pidió dormir con él esa noche, lo cual hizo contra la voluntad de la madre.

A la mañana siguiente la madre se personó en su domicilio con la abuela materna de la niña y dos personas más, las cuales intentaron entrar por la fuerza y de forma violenta. Tras la llegada de la policía, y ya en comisaría, la pequeña fue interrogada para que dijese con quién quería vivir, “y con cuatro años ella dijo que con su madre”, relata Franco. Fue esa mañana la última vez que pudo ver a su hija, ya que con posterioridad a ese día, y tras acudir en repetidas ocasiones a la guardería, afirma que siempre le dicen que no está. Su expareja no responde al teléfono ni le abre la puerta de su casa.

José Antonio Franco afirma haber denunciado la situación, tras lo cual “el Consulado ha emitido una petición de búsqueda de la niña, pero yo sigo sin verla desde hace un mes y medio”, añade con resignación. Según explica, durante este tiempo ha tenido que viajar a Moscú, a 5.000 kilómetros de distancia y cinco horas de vuelo de la ciudad donde reside en Siberia, para hablar con el cónsul español, que “lo único que hace es darte una palmadita en la espalda, para decirte después que no puede hacer nada porque no tiene competencias en el tema”. Y es que según prosigue, en Rusia “si eres extranjero no eres nadie” ya que “aquí no se respeta nada, ni las leyes internacionales, ni nada”.

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