Combates por el patrimonio

El Tiro Viejo de Jabugo y la colonia escolar del Ayuntamiento de Sevilla (I)

  • A lo largo del primer tercio del siglo XX la promoción turística tendrá dos polos claramente definidos, Aracena y Jabugo. Las visitas de Alfonso XIII dan un fuerte espaldarazo a la zona

El Tiro Viejo de Jabugo y la colonia escolar del Ayuntamiento de Sevilla (I) El Tiro Viejo de Jabugo y la colonia escolar del Ayuntamiento de Sevilla (I)

El Tiro Viejo de Jabugo y la colonia escolar del Ayuntamiento de Sevilla (I)

La historia del edificio del Tiro Viejo o Tiro Pichón, de Jabugo, ha navegado durante años por procelosos mares, sin un rumbo fijo, siendo blanco de toda clase de leyendas y elucubraciones. Hace algún tiempo decidimos poner luz elaborando una ponencia, con datos rigurosos y científicos, para las Jornadas del Patrimonio de Galaroza (2017), consultando las fuentes primarias, es decir, los archivos, dando ello como resultado una verdadera secuencia y encaje temporal, necesario sin duda para Jabugo, que lo tiene por su edificio más singular. El estudio completo se publicará en las actas de dicho evento.

No entenderemos su construcción sino nos remontamos al último cuarto del siglo XIX, donde se va a formar en las Sierras de Aroche y Aracena una burguesía terrateniente al calor de negocios como las industrias cárnicas, corcheras, licoreras y electroharineras. Propietarios de cientos de hectáreas, algunas conseguidas al calor de las desamortizaciones y el contrabando, invierten sus capitales conformando una primera revolución industrial tardía, pero que cambió la fisonomía y economía de ciertas poblaciones serranas, como fue el caso de Jabugo, Cortegana o Cumbres Mayores, llevándolas de agropecuarias y forestales a industriales. Este movimiento estaba asociado a grandes nombres de la oligarquía como Ramón Talero García, Sancho Hidalgo Suárez, César Tello, Juan del Cid López, Juan Rafael Sánchez Romero, Faustino Moreno Moreno o Manuel García Moreno por citar los principales.

Todo ello se desarrolla dentro de un sistema político que trae de nuevo a la monarquía borbónica, es decir, la llamada Restauración de Alfonso XII, y que se extiende hasta la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930). El caciquismo se adueño de España y sus redes clientelares llegaban hasta los últimos rincones de la provincia de Huelva. El Distrito serrano se articulaba en torno a caciques mayores, naturales de Aracena, como Juan de la Cruz Durán o Francisco Javier Sánchez Dalp.

A lo largo del primer tercio del siglo XX la promoción turística tendrá dos polos claramente definidos, Aracena y Jabugo. Ambos municipios intentan, cada uno a su manera, diversas fórmulas para atraer al turismo estacional, fundamentalmente sevillano y consolidar el veraneo de aquellos naturales que vivían fuera de la Sierra, la primera a través del turismo natural y patrimonio histórico-artístico, con la Gruta de la Maravillas como emblema, el segundo centrado en el turismo cinegético-deportivo, industrial y social. Las visitas del rey Alfonso XIII en 1915 y en 1929, ésta con motivo de la inauguración de la Exposición Iberoamericana en Sevilla, darán un fuerte espaldarazo a los serranos.

El círculo de grandes benefactores del turismo serrano se cerró con un hombre excepcional que va a cambiar la visión que se tenía del patrimonio arquitectónico en la Sierra, no en vano pasó largas estancias vacacionales en ella, disfrutando de la amistad y patrocinio de las élites locales, especialmente de los Sánchez Dalp. Nos referimos al arquitecto Aníbal González Álvarez-Ossorio, impulsor del estilo regionalista y director de las obras de la Exposición Iberoamericana de 1929. Su concurso fue fundamental para atraer a ese turismo de élite a la comarca, con sus edificios en Aracena.

La fama de Jabugo como pueblo ideal para el veraneo venía de antiguo, a sus condiciones climatológicas y su exuberante vegetación se sumaron, en el último cuarto del siglo XIX y primeras décadas del XX, la formación de un nudo importante de comunicaciones, con el ferrocarril Zafra-Huelva como eje Norte-Sur y la actual carretera Sevilla-Lisboa que cortaba su término municipal de Este a Oeste. A ello se añadía una primera revolución industrial con las empresas creadas en el núcleo principal, barriada de El Repilado y aldea de Los Romeros, encabezadas por Sánchez Romero Carvajal y Cia. (1910) y Santa Teresa de Electricidad (1902), que con su nueva energía posibilitó que los talleres artesanales se convirtieran en verdaderas empresas capitalistas.

En la segunda década del siglo se llevan a cabo una serie de proyectos estructurales que subsanarán carencias históricas, sobre todo durante la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), como son dos escuelas nacionales, construcción del camino de los Los Romero a El Repilado, matadero y plaza de toros. Y será ahora cuando comience a construirse el edificio del Tiro Viejo por Manuel García Moreno. Debido al poder e influencia de su promotor, nace sin expediente, el cual debería encontrarse en el Archivo Municipal de Jabugo; la estrecha amistad hizo que tampoco hallemos el proyecto en el Archivo del arquitecto Aníbal González. Inicialmente fue concebido como palacete en el campo, intentando imitar los comportamientos de ennoblecimiento de otros notables serranos, como por ejemplo sus amigos los Sánchez Dalp, Miguel y Francisco Javier, que tenían en el término de Aracena la Quinta San Miguel.

Su construcción la podemos enmarcar dentro de las obras que el arquitecto sevillano llevó a cabo en la Sierra durante casi dos décadas, coetánea prácticamente al complejo turístico de Aracenilla en Aracena. Manuel García Moreno y su mujer le encargaron el trabajo a este afamado arquitecto sevillano, amigo personal de ambos y que pasaba los veranos en Aracena, pero que también se hospedó en varias ocasiones en Jabugo.

Este terrateniente burgués, con una sólida formación, pues era licenciado en Derecho y ejercía de abogado, cultivó también la política, llegando a ser concejal en el Ayuntamiento de Jabugo y diputado provincial. Una de sus aspiraciones siempre fue contar con la concesión real de un título nobiliario a imagen y semejanza de los Sánchez Dalp. Su poderío se proyectaba desde el final de la calle Talero donde tenía una gran casa de dos plantas, con elementos modernistas y regionalistas, que sobresalía por encima de la rasante. El contacto visual entre ella y el Tiro Viejo era nítido y sólo había que abrir un camino. Su poder se cimentaba en sus fincas, donde se engordaban cerdos ibéricos, llegando a crear una raza nueva, el “Manchado” de Jabugo.

Un proyecto de esta envergadura se pudo llevar a cabo al contar con una de las fortunas más importantes de la comarca procedente de la herencia que le dejaron sus padres a principios de siglo XX. A ello hay que añadir que se casó con una acomodada mujer de Encinasola, Carmen Vázquez Vázquez, que aportó una parte del capital acumulado por los González Bravo.

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